Cuco Miramontes

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Los primeros recuerdos me llegan agolpados cuando mi padre los contrataba y los llevaba a la casa de la Jiménez y allí los talentosos músicos inundaban el ambiente festivo, entre congoja y detonaciones emocionales, a finales de los años sesentas.

Esto me envuelve al admirar la exposición fotográfica que se inauguró este viernes primero de septiembre en la Casa de la Cultura a iniciativa de la familia de José Refugio Miramontes Rufino, que abrió el baúl de la nostalgia, la botella de aromas de la melancolía, el estuche para que el requinto vuelva a escucharse de aquellos años; las serenatas, la bohemia en las calles que era un acontecimiento especial; las interpretaciones de las canciones directas al corazón y la voz semejante a la de Javier Solís, los boleros y el romanticismo.

Con la presencia de algunos de sus familiares, la viuda de Cuco, la señora María Esther Castellón Durán, sus hijas Elvia y Martha y Toño Miramontes Castellón, fungiendo el profesor Crispín Parra, Director de Arte y Cultura, como maestro de ceremonia.

Ahí estuvieron también el cronista de la ciudad el maestro Pablo Torres Sánchez, la coordinadora de turismo municipal Karina González, la licenciada Isabel Villalobos, secretaria general del gobierno, funcionarios e invitados. Se cortó el listón blanco y el músico “Rayito” expuso una breve semblanza de lo importante que era el mariachi Ixtlán.

José Refugio, mejor conocido como “El Prieto”, nació en la comunidad de Miravalles, municipio de Compostela un 4 de julio del año 1921. Sus padres fueron Refugio Miramontes y Feliciana Rufino. Descubrió su vocación de artista y pronto en la década de los cincuentas y sesentas participó en el famoso trío Ixtlán, el mariachi y la primera orquesta surgida en el sur del estado.

Tuvo trece hijos Martha, José Antonio, José Refugio, Rosario, María Elena, Rosa, Pablo, Juan José, Ramón, Elvia, Guillermina, Jorge y Virginia finados.

Aquí acompaño a sus dos hijas y a su viuda que se sienten orgullosas de la vida y obra, el legado musical de su señor padre. La viuda me confiesa que a ella nunca le gustó ir a los bailes, fiestas, mientras que  Cuco sí, era apasionado.

Se sentían bien cuando lo veían ensayar en la sala de su casa o en algún evento y ver que su padre era artista, el cantante. Sentían bonito cuando el padre Cuco le llevaba serenata a su mamá con la canción María Bonita; cuando se iban al Llano a pasear y jugar entre la palomilla de músicos.

Nos tomamos fotografías y recorro el camino blanquinegro de la imagen, primero donde está de rostro joven, enorme parecido con su hijo Toño, su traje y el sombrero ancho, esbozando una sonrisa. Un pasillo de una vieja casa, casi todos de manera informal y en el centro el galón de vidrio y el vaso que espera desafiante; algunas en el estudio de Víctor Chávez con sus poses musicales en posición atenta para incendiar almas…

… Una con las guitarras, violín, la vihuela, el bandolón en reposo; cuando están en el vestíbulo del cine Ixtlán entre la cartelera y el mosaico plomizo de las paredes acompañando a un cantante de renombre; acompañan a un tipo que suelta el espíritu en banqueta y calle. Una estructura en forma de guitarra y el nombre de Cuco.

Fotografías que son la hoguera sentimental, la fortaleza musical, un pasado que no se olvida. Cuco murió un 17 de noviembre de 1981, pero su obra perdura, forma parte del patrimonio cultural de nuestra ciudad, un emblema, personaje, carismático y querido por su pueblo.

Ecomuseo este próximo jueves 7 colocará una placa de cantera en su honor, como un homenaje al famoso Cuco “El Prieto” Miramontes.

Salgo tatareando canciones de Javier Solís, intentando descubrirle el rostro velado que todavía existe en estos lugares de tráfico, prisa y ligereza,  que parece se les ha secado el alma.

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