Fuegos 2017 (V parte)

  • ¿No oyes pasar el tiempo?

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3.- Me fui llenando de la prosa, de la consistencia, en el estudio azul fueron creciendo los árboles de la fertilidad y en mis momentos de soledad estaba leyendo a Pacheco como si fuera la lámpara de la vida, de la muerte y del tiempo, la obsesión del escritor: el paso del tiempo. Es para escribirlo, a mí también me fascina, me alienta, me mortifica y me cala los huesos, el transitar implacable de uno de los mayores temores desde niño.

Somos efímeros y ante este acontecimiento que nos parece único, se nos va la vida cuestionando y generando poesía no sin antes sufrir depresiones. Las noches con los libros comprados en las grandes ciudades y en la feria del libro, fui siendo el caminante por los filamentos, senderos y abismos de los versos como por ejemplo de lo cotidiano: el tenedor como un halcón con garras metálicas que destroza en el territorio de un plato.

También ser capaz de escribir la novela de un general nazi que como escarnio morirá lejos, muy lejos de su tierra, sus recuerdos para morir olvidado, que sería el castigo natural de un asesino. Adentrarme a las diferente puertas de su estilo inconfundible, pertenecer a una generación quizás irrepetible que amó las letras por sobre todas las cosas.

Fue dejando las abstracciones para ir tomado de la mano de la realidad, de los cuestionamientos, de los ciclos de la vida, el llevarnos hasta lo que duele, lo que preocupa, de lo que lastima como nación y la microhistoria que allí está, en la esquina, el rostro, el polvo, y se descubre, no se inventa.  Su hija rememora que siempre lo recuerda leyendo y escribiendo. Este hombre lo que pedía era tiempo, tiempo y tiempo.

No se enfrascaba en polémicas como su amigo Carlos Monsiváis, ni era cronista de las masas, ni salía tanto en televisión. A él le angustiaba la destrucción de su querida y entrañable Ciudad de México, la de los barrios, de las calles cortas y el reposo cercano que se podía tocar. Vivir en la caótica capital del ruido mundano, el ramplón tráfico lo sumergía a las sustancias y vetas más íntimas de su añoranza y su soledad, para después cantarles a los habitantes que el amor podría salvarnos y purificar el alma.

Se fueron haciendo hojas de otoño, los inviernos en niebla y de amaneceres oscuros; la primavera reluciente de hierbas y flores para sentir el verano de lluvias frenéticas y de tumbas. Vamos descubriendo las artimañas y las redes que surgen como hiedras, el agua que purifica de su poesía diáfana y milagrosa. Es que de un pozo profundo y oscuro surjan estrellas gracias al reflejo de la imaginación, pero que es la realidad porque existen aunque no quiera uno reconocerlo.

José Emilio Pacheco escribe “río helado” sin rebuscaciones “como cuenca con sustancias que de acuerdo al ambiente se transforma en la purificación que nuestro cuerpo tirita de frío”, no él dice que si el río lleva agua helada, así debe de escribirse. Sus libros de cuentos los escribió de joven cuando era incesante, como el marro al yunque, el fuego lanzado al infinito.

La sangre de Medusa, El viento distante y El principio del placer, son pasos seguros, sin titubeos y las estructuras de su casa de palabras construida, con elementos de su vocación, de sus borradores, de sus constantes revisiones como el arquitecto insatisfecho de su obra. Contaba que no podía publicar con el severo rigor de sus escritos y que todavía casi listo, necesitaba de nuevo revisar frase por frase para que no se fuera el material desechable como nuevo.

Quería tiempo y estaba en todos los géneros, del ensayo, de prólogos y comentarios en revistas de poca difusión, no importaba latitudes, longitudes y meridanos, JEP, seguía como una labor mística, de adoración de las diosas literarias que no hacen creer que vale la pena nuestro transitar por este mundo raro.

Recuerdo que una vez se presentaron al noticiero 24 Horas de Jacobo, los esposos Pachecos, para denunciar que les habían tirado balazos a la fachada de su casa y que por favor le pedían a los responsables que los dejaran en paz, porque él quería vivir escribiendo y no le hacía daño a nadie… Continuará el próximo viernes.

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