Relatos de pasión (Capítulo CXXXIV)

  • A los nuevos lectores de Juan Rulfo y Gabriel García Márquez.

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640.- ÁNIMAS

Lo conocí antes de leerlo en las leyendas, historias cortas y largas de mi abuela y mi madre. Surgían desde el fondo de los ojos y los sueños, de las lejanías y de las tumbas. La vida y la muerte que se confundían mientras mi alma de niño, quedaba alborotada. En las noches de aparecidos, de los enredos con la oscuridad y los enigmas de las ánimas del purgatorio.

Mi imaginación me hacía tanto daño que hasta fiebre tenía por las escenas de los muertos y los vivos que un solo hilo delicado dividía. Los muertos en sus murmullos, conversaban en los fondos, de los terrenales y los que tenían el tiempo se acordaban en cada instante en el haz de luz de los que nunca se han ido, quedan en la memoria.

Las veladoras, los cirios, los llantos, expresiones para que nunca se vayan y esto me traía enredado, que hasta creía que yo ya estaba muerto y que venía de visita a la vida de mis mayores. Quieto, absorto, testigo del peregrinaje ancestral que estaba en todos lados, desde los ríos de agua fría y los pinos, desde las lámparas de petróleo y las esquinas cuando se unificaban los rostros de los difuntos.

Quieto, absorto conocí a Juan Rulfo con su Pedro Páramo y seguí creyendo que la muerte y la vida son relativas, somos ánimas en pena que andamos vagando por el mundo y que el tiempo es una larga oración vestidos de sombras.

641.- SOLEDAD

No puedo dejar pasar en este mayo y junio de lo importante para nuestros tiempos. Hace cincuenta años surge como la gran explosión literaria de un hombre flaco, de ancho bigote y rostro afilado. A sus treinta y ocho años se sentó y cada día escribía una cuartilla durante 18 meses hasta el delirio, hasta el agotamiento como el parto de un varón, la novela inmortal que cada treinta segundos alguien abre el libro para leerla.

El hombre llamado Gabriel García Márquez solamente se acordó de cómo su abuela Tranquilina Iguarán contaba el nacimiento de las cosas, los destinos repetibles de los hombres y mujeres de la comarca. Sesenta millones de libros se han publicado de la obra Cien años de soledad. Lo que nos acontece a los mortales, que vivimos sin importar lugar, espacio o tiempo, la salvaje soledad que nos carcome sin piedad.

642.- SEDA

Los chinos siguen en asombro y asombro, para ellos ya no hay imposibles. De vivir encerrados como muralla, inhóspitos, vigilantes de su cultura y sus inventos como el papel y la pólvora, ya tienen en proyecto rescatar La Ruta de la Seda, la travesía antiquísima del comercio del Poniente y el Oriente, emulando a Marco Polo, pero ya con trenes de alta velocidad y buques poderosos para transportar todo lo que se venda.

Iniciaron con la producción de botones y ya construyen aviones. Enormes proporciones de tierras y países que jubilosos esperan el advenimiento de los chinos como el plan más ambicioso de todos los siglos.

643.- CUENTO

Ayer estuve entre cartones de papeles, carpetas, cuadernos y recuerdos en hojas, buscando, tratando de encontrar mis primeros cuentos. Unos murieron fosilizados en amarillo y café como oxidadas dagas de letras que no se pueden ya leer, apolillados otros por culpa de mi olvido, y tengo por fortuna, rescatados de la agonía a tres o cuatro que escribí hace veinticinco o treinta años cuando otra órbita tenía, otros caminos, en las aventuras de geografías consumidas.

Cuentos que hablan de un amor a destiempo, de un circo tan pobre, de la llovizna de ojos azules, del martirio de los celos. Consumí la noche como si fuera un cigarrillo o una taza de café  para que no se fuera el encanto de volver a contar los cuentos de Rigoberto, el que brote el fuego que estaba escondido, nunca fue consumido y que viene con esta magia de los dedos en teclado, lo que antes tinta verde o negra o cuaderno nuevo.

Viene mi memoria de hoguera para que tenga mis ilusiones rescatadas… Seguirán el próximo miércoles los relatos de pasión. 

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