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lunes, enero 18, 2021

A sí mismo

Reflexiones de fin de año; la nostalgia de los “buenos tiempos”.

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Manuel Montaño
Manuel Montaño
Abogado y escritor. Asesor político. Frase: «El que resiste, vence».
«Al despuntar la aurora, hazte estas consideraciones previas: me encontraré con un indiscreto, un ingrato, un insolente, un mentiroso, un envidioso, un insociable. Todo eso les acontece por ignorancia de los bienes y de los males. Pero yo, que he observado que la naturaleza del bien es lo bello, y que la del mal es lo vergonzoso, y que la naturaleza del pecador mismo es pariente de la mía, porque participa, no de la misma sangre o de la misma semilla, sino de la inteligencia y de una porción de la divinidad, no puedo recibir daño de ninguno de ellos, pues ninguno me cubrirá de vergüenza; ni puedo enfadarme con mi pariente ni odiarle. Pues hemos nacido para colaborar, al igual que los pies, las manos, los párpados, las hileras de dientes, superiores e inferiores. Obrar, pues, como adversarios los unos de los otros es contrario a la naturaleza. Y es actuar como adversario el hecho de manifestar indignación y repulsa».Meditaciones, Marco Aurelio.

En otras ocasiones y a través de otros medios me he tomado el atrevimiento de reflexionar sobre algunos acontecimientos en nuestra realidad, la cual ha roto muchos paradigmas de vida que hasta entonces padecíamos, no habíamos tenido oportunidad –como sociedad- de reflexionar sobre: el culto irreflexivo al progreso, la vanidad del ser humano, la indiferencia al prójimo, la repulsión a lo diferente y un larguísimo etcétera.

En menos de 365 días del 2020 evidenciamos que los esquemas económicos y políticos que gobiernan las naciones no ofrecen soluciones integrales a los retos actuales, incluso se ven parapléjicos para hacer frente a la complejidad que nos detenta, consecuencia por la cual asumimos como errores las decisiones que tomamos años atrás sobre nuestros sistemas de organizaciones.

Analizaba grosso modo sobre las crisis que atraviesa nuestro tejido social y las tensiones que las provocaban: Estado vs. Mercado; Globalización vs. Nacionalismos, y; Mundo Vital vs. Tecno-Estructuras (Instituciones de Control Social: Establishment) que a pesar de los esfuerzos de alguno líderes políticos y sociales que encabezaban los acciones para un nuevo orden mundial los cuales abanderaban las causas sobre el medio ambiente, justicia social, políticas de identidad entre otras causas afines al humanismo, resultaban insuficientes para frenar una realidad que se asume Volátil, Incierta, Compleja y Ambigua.

Señale en su momento –y repito con el respeto que merece- que bastó una pandemia para replantearnos como sociedad el rumbo hacia donde nos dirigimos, preguntarnos ¿Qué es lo que en verdad queremos? Pero ante todo ¿Qué es lo que verdad importa? Como lo asumió el PAPA Francisco, en la más reciente de sus encíclicas, “Fratelli Tutti”    vivimos en un mundo del enfado, en una sociedad de odio y rencores, donde hace impensable la cooperación entre los individuos, donde impera las fuertes crisis políticas, la injusticia y la falta de una distribución equitativa de los recursos naturales. Todo eso tiene que extinguirse.

Señale con prontitud, en mi primer artículo, “la sociedad de los enemigos” esa proclividad que teníamos las personas, de visualizar al prójimo, como un enemigo en potencia, puesto que podría ser portador del virus y con eso afectar la propia salud, alimentando con ello, el odio, la intolerancia, la frustración, y otros antivalores que fueron disruptivos.  

 Ese mismo sentimiento penetro en toda la escala de valores de las personas, fomentando la desconfianza -y hablo de manera particular y motivo que inspiro esta reflexión- y la ya poca capacidad de perdonar, llevando a las personas a una situación límite y al borde del colapso emocional, fuimos víctimas del desempleo, de los pésimos servicios de salud, de las ineficientes respuesta del gobierno, de la poca solidaridad social (pese a algunas muestras de filantropía temporal) y en los casos graves, violencia doméstica.

Los expertos en salud mental advertían sobre las consecuencias del confinamiento y hacían exhortos enérgicos a las instituciones para no desatender esta materia, proyectaban patologías sociales ya mencionadas y planteaban soluciones inmediatas para atenuar con la crisis psicosocial. 

Menester por el cual este articulo quiero dedicarlo a mí mismo y compartirlo con ustedes con el propósito de que pueda servirles de algo lo poco que aprendí del pensamiento estoico, ilustrado por el emperador romano, Marco Aurelio.   

El reconocimiento de que necesitaba entrenar y disciplinar mi carácter. Para no desviarse por mi interés en la retórica. No escribir tratados sobre cuestiones abstractas, ni pronunciar pequeños sermones moralizantes, ni componer descripciones imaginarias de La vida simple o El hombre que vive sólo para los demás. Evitar la oratoria, la poesía y las bellas letras. No disfrazarse sólo para pasear por la casa, o cosas así. Escribir cartas sencillas (como la que le envió a mi madre desde Sinuessa). Y comportarse de manera conciliadora cuando la gente que nos ha enfadado o molestado quiere reconciliarse. Leer atentamente, no conformarse con «sólo entender lo esencial». Y no caer en la trampa de los habladores.

Desde los textos más antiguos se reconoce la importancia del perdón, y se postula como una acción de liberación metafísica, reconciliación espiritual y de sanación del alma. 

El perdón, en su origen, era una facultad destinada exclusivamente para la clase noble, en su raíz etimológica, señala que el perdón es un regalo, una cosa que se concede hacia el que emite una súplica para su redención, el perdón era entonces un privilegio, tanto para el que lo otorga como para el que lo recibe.

La acción de perdonar también tuvo sus acepciones a lo largo de la historia, las más memorables son las que se reproducían en la antigua Roma, donde el soberano emitía con todas las solemnidades el indulto, o en las enseñanzas de Jesucristo, que recomendaba a sus fieles perdonar 70 veces 7 al prójimo. Desde entonces el perdón tomo una relevancia importante para las relaciones humanas. 

Sin embargo -quizás por su carácter individual e interno-, poco se ha profundizado sobre el auto-perdón, la importancia de liberarnos nosotros mismos de culpas, cargas, emociones no placenteras, lo cual fomenta un desequilibrio en nuestra estabilidad y nos impide ver con objetividad la realidad. Y cabe señalar que para poder perdonar a los demás, primero hay que perdonarse a sí mismos.

En el caso específico de la pandemia, basta con echar un vistazo a las noticias, donde señala el alza en la demanda de la población que exige atención psicológica señalando sentirse culpable por haber tenido covid19 (en muchos casos asintomáticos) por la posibilidad de haber contagiado a familiares y personas cercanas.

Gran parte de la población ha experimentado estrés, depresión, ansiedad y en algunos casos extremos se llega hasta la neurosis, enojo, frustración e importancia y el sentimiento de que si no se hubiesen expuesto, seguramente no se propagaría el virus. Y esto se agudiza cuando un familiar o amigo cercano, muere por esta enfermedad.

Así como este ejemplo, muchas personas acumulan culpa a lo largo de su vida que les causa distintos tipos de daño. La culpa para efectos científicos se define como una emoción autoconsciente, al igual que el orgullo y la vergüenza emociones que son distintas a las emociones básicas y universales (alegría tristeza, enfado, desagrado…)  

Las emociones autoconscientes se desarrollan cuando empezamos a tener un sentido de nosotros mismos: conciencia o razón; asimismo es importante precisar la diferencia entre culpa y vergüenza, que muchas veces se confunde, es cierto que cuando se siente culpa se experimenta vergüenza, pero existen diferencias esenciales entre estas emociones.

La culpa es sentirse mal por lo que uno ha hecho, mientras que la vergüenza es la sensación de sentirse mal con quien eres, y el meollo es confundir el “sentirse mal” con “quien eres”, mientras podemos cambiar nuestra conducta para evitar el sentimiento de culpa, no es tan sencillo evitar la vergüenza por prescindir ser uno mismo. 

Esto está ligado a la teoría de “mis yo” el “yo” que ven los demás, el “yo” que es mi auto concepto el “yo” que muestro en las redes (espacio público) y el auténtico “yo”, este ultimo de suma importancia, representa un ser único e irrepetible, dotado de infinita dignidad, es por eso que muchas veces tenemos que utilizar una imagen falsa de nosotros mismos, nos avergonzamos de quien somos por no entender nuestro verdadero valor, y confundimos nuestros actos alejados de la ética con la integridad de nosotros mismos.

Otro cuestionamiento que nos invita el pensamiento estoico, es sobre la utilidad de la culpa para mejorar, cuantas veces nos planteado metas y objetivos que no podemos conseguir y nos genera sentimiento de culpa, en una falsa concepción de la motivación, proyectamos desde la culpa, un impulso para revertir nuestra realidad, algo completamente erróneo, puesto que hay evidencia científica que nos demuestra que el cerebro procura gratificaciones inmediatas, no medita el sentimiento de culpabilidad n mucho menos sirve de estímulo.

Por ello, la mejor manera de reconstruirnos es perdonarnos a nosotros mismos, ser condescendiente con lo que ya pasó y exigente con lo que va a pasar. Porque solamente perdonados y liberados, tendremos la fortaleza para avanzar.

Frente a la culpa reaccionamos de 3 maneras distintas: la primera es anestesiando la conciencia, paralizado por la culpa, en cambio una tercera opción es aceptarla y superarla, vivir el proceso de perdón y plantear un ánimo de esperanza para el futuro.

Esta manera de ver la culpa, es la forma que tenemos para ver adelante, la manera de reinventarnos, la manera de ser empáticos con los demás, comprensivos con el mundo exterior, y capaces de alcanzar una “vida lograda” con la capacidad de hacer una introspección y distinguir entre las culpas que anidan al interior de uno mismo.

Aquellas de aspectos que podemos corregir y las que por su naturaleza ya no pueden modificarse, revertirse o corregirse, sobre estas el perdón toma aun mayor relevancia para poder vivir el presente de manera plena, entender que el pasado ya no está y poder vivir el presente, es un requisito indispensable para la búsqueda de la felicidad.

Concluyendo las ideas, sugiero estas recomendaciones para generar el proceso del perdón y que espero puedan serle, apreciable lector de alguna utilidad; 

El recuento de los daños: evaluar los daños que se cometieron,con una perspectiva objetiva de las cosas, sin sobrestimar, pero tampoco desestimar los daños causados. 

Evaluación de la responsabilidad: que participación tuve en el proceso de los daños, que parte debo de asumir, que parte puedo corregir, que parte me corresponde resarcir.

Aspectos Éticos trasgredidos: valorar la gravedad de la conducta y el desapego de la ética en la acción. Recordar que la ética no es la estética del comportamiento, no hay faltas pequeñas o graves, faltar a la ética es un valor absoluto.

Determinar las compensaciones: que me corresponde hacer para resarcir los daños. 

Gestión de las emociones: la gestión de las emociones es fundamental para la superación de la culpa y la liberación de la carga emocional, reconocer, entender, comprender la compleja estructura de la emoción, racionalizar,  asimilar y liberar.

Recordad que el perdón debe de ser absoluto, la acción de perdonar no comprende de matices, conviene perdonar para avanzar, desde la ciencia hasta la poesía, los expertos urgen al ser humano a perdonar para seguir en este caino que se llama vida.

¡Gracias!

Por un 2021 de buena vida.

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