Ardor

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voyeurismo

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La hendidura era como herida en cuello de un animal degollado. Lo que miré  por allí desde entonces se diluye entre la bruma. El portón estaba como  pretexto del aire para no colarse de plano entre las cuarteaduras de las tablas viejas. Creo que Flor Lilia sabía que la espiaba; al paso de los años me convenzo que a todos nos dejaba mirarla entera para que al final no entendiéramos nada de ella.

Ya sabemos que detrás de esa puerta ocurrieron las cosas que fueron enfermando en lujuria a este pueblo de Dios, Ixtlán del Río.

De todos modos la gente iba a la misa para sentir el flagelo del cura Justo Barajas y su santa recomendación de lavar  cuerpos y almas en el río hasta que la luna hiciera arder mantos ahítos de espumas y devolviera la blancura primigenia a los cuerpos lastimados de sol y peces entre las piernas.

El día que ocurrió la tragedia yo acababa de salir del caserón de don Chema con un atado de hojas de elote para que la abuela hiciera los tamales del viernes santo.

Recuerdo que el fuego empezó con tanta rabia que chamuscaba las nubes y el canto de los pájaros sin que nadie  acatara otra cosa que salir de sus casas y mirar alelados un cielo ensangrentado de bermellón.

Dicen que la Flor Lilia alcanzó a salvarse, agarró monte y que de algún modo ganó para Los Ángeles, California donde todavía vive.

Escribo esto porque hoy me asomé al caserón que sigue en pie con sus pilares todavía grafiteados por el humo. Arrimé el ojo en la mismísima hendidura del tiempo y pude ver la estampida de vacas y señoras arrancándose de otros cuerpos en orgasmo y a medio vestir, corriendo hasta terminarse sus llamas en la tarde aquella.

Estamos hablando del año 66 ó 67. Pero como bien sabemos ni la lumbre acabó con el ardor carnal. Es que el alma es papel frágil; el cuerpo tan sólo manzana que ofrece su pulpa abierta.

Ya pasó mucho tiempo y todavía tengo el ojo en las grietas del portón, mirando la persistencia de Flor Lilia despojándose del peso innecesario de las ropas, de las llamas… del tiempo en estampida.