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Ixtlán del Río
martes, octubre 27, 2020

Comezón

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Vanesa se había enamorado de Eric porque  besaba como ninguno. Era inexplicable la diferencia.

Aquélla noche lo mismo: bien clavada imaginando al Ery; eso sí, enconchada en su almohada para no distraerse con los puñetazos de una banda descompuesta: “… como quieres que te quiera, si tú nunca me has querido…”.

 Las Fiestas Patronales a todo lo que daban, como es costumbre en este pueblo de Ixtlán del Río. Ella, sin embargo, en  sintonía ajena y flotante.

Ya casi la cacheteaba el sueño cuando la Vanesa sintió cierta comezón en un dedo del pie derecho que fue haciéndose cada vez más intensa. Encendió el bombillo y miró todo normal, pero sintió ganas de rascar. Entonces descubrió que el epicentro del escozor era una hebrita, quizá una rebaba de uña o de piel.

El primer impulso fue jalarla, quitarla aunque doliera.  Cerró los ojos y tiró con fuerza. La hebra salió como un estambre que se desteje. La comezón aminoró. Pero luego miró con horror que la mitad de su pie había desaparecido o, mejor dicho, destejido.

Lo siguiente fue un ardor más fuerte y no tuvo más remedio que jalar el hilo cartilaginoso aunque   terminó deshilando  pie y pantorrilla. Nada  la sacaba de ese vórtice. Apenas sí contemplaba una parte de su cuerpo mutilada cuando ya estaba jalando de nuevo para calmar aquella comezón in crescendo.

Vanesa giró en ese torbellino obsesivo compulsivo con jalones de hilo que deshebraban  cadera,  pechos, brazo izquierdo, hombros, cuello y, en vertiginosa espiral, el rostro. Pero la boca quedó intacta porque es un tejido de otra consistencia y humedades que… ¡Vaya usted a saber por qué!

La cosa es que siguió la comezón hasta que la boca, ya sin rostro, sin cuerpo, se apropió del hilo y jaló, jaló con fuerza hasta destejer el brazo restante.

La boca de Vanesa se quedó allí, temblando su destrucción corporal, mientras afuera, en la calle, la arritmia de una banda seguía pateándole los güevos a la noche.

No fue sino hasta la madrugada que ella  balbuceó varias veces el nombre de Eric y logró tranquilizarse.

Finalmente  dijo: “Pero todavía lo puedo besar”,  y  se quedó profundamente dormida.

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