Con “Barbitas de conejo”

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Hay adornos de todo tipo y, definitivamente, distan mucho de ser aquellos ornamentos Los arbolitos son sintéticos, de tamaños indistintos, grandes medianos y pequeños. Luces sofisticadas, en serie o estáticas, conformando figuras de diferentes formas y una gran variedad de atavíos navideños…

… Y ahora las familias ya ni siquiera esperan el Novenario. Muchas de ellas, tan pronto como concluyen los festejos por el aniversario de la revolución, corren al clóset, al cuarto de los tiliches o al rincón de la casa para extraer las esferas, el arbolito, las “series” de foquitos, y en fin.

Y así, aún antes de que inicie el mes de diciembre, muchos hogares exhiben sus adornos navideños en tanto que los comerciantes se frotan las manos vendiendo “a diestra y siniestra” los ornamentos, propios de ésta época…

… Todo resulta mucho más fácil. Lejos están aquellos tiempos en que los hombres y mujeres, solos o en pareja, solían desplazarse al monte en busca de un “árbol natural” -no como los de hoy, sintéticos- y cargar de vuelta con él hasta su casa para posteriormente adornarlo, en compañía de la familia, del esposo o de la esposa, del hermano o de los hijos.

Bastaba un poco de paciencia e imaginación para adornar los “arbolitos”, a veces sin gastar ni un solo “cinco”. La misma familia aprovechaba su “viaje” al cerro para abastecerse de heno o de las famosas “barbitas de conejo”. ¡Ah cómo nos hacían llorar esas plantas!

Los arbolitos se “blanqueaban” utilizando cal, pencas de nopal y un poco de sal para concluir una magnífica obra, simulando efectivamente un árbol cubierto totalmente de nieve, propios de la época invernal y navideña.

No había mejor oportunidad para poner a prueba el ingenio y la creatividad de “ellos” y “ellas”. Por ejemplo, uno mismo confeccionaba las estrellas, utilizando cartón y el típico papel plateado con el que se envuelven los cigarrillos. Las “piñas” que nacen de los pinos también conformaban un excelente artículo de adorno y aquellas “cajitas” de los chicles Adams servían como diminutos estuches de regalo.

Anteriormente no había tantos y tantos tipos de adornos ni luces navideñas. En los hogares no se apreciaban esos sofisticados ornamentos de hoy, pero se percibía un mejor espíritu navideño, con los clásicos “Nacimientos”, sencillos pero confeccionados con mucho amor.

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