El cerco del coronel

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Profr. Ernesto Parra Flores

 Allá por 1940, un coronel, responsable del cuartel del ejército ubicado donde hoy es la secundaria federal “Amado Nervo, dio la orden de arrestar a todo el que “osara” cruzar por sus cercos que había levantado abarcando El Llano para que pastara su ganado.

Por eso terreno pasaban caminos por donde transitaban los jornaleros y campesinos rumbo a sus cotidianas labores. Tocó la mala a mi papá Roberto Partida y a Trinidad Ismerio quienes venían de trabajar del rumbo de las “Higueras”, a la caída del sol: y al cruzar por el llano, ya para salir, los esperaban unos soldados para arrestarlos y conducirlos al cuartel.

Como el coronel andaba de juerga con otras amistades disparando al aire molestando a los vecinos, no podían importunarlo para comunicarle lo de los detenidos.

Mis abuelos, tíos y familias de los compañeros de mi papá, pasaron toda la noche buscándolos por todos lados; y fue hasta el día siguiente por la mañana que los dejaron libres, junto con otros que ya habían arrestado, entre ellos, Lencho Marmolejo.

Ante estos actos de atropello e injusticia, hubo alguien que tomó el asunto en sus manos: Don Pancho Béjar, un joyero muy apreciado, quien recabó firmas y gestionó ante las autoridades estatales logrando que el coronel quitara esos alambrados que ilegalmente había tenido en su propio beneficio.

Con el tiempo, una vez que mi papá formó familia y rentaba unas tierras para sembrar maíz y fríjol, allá por el “sombrerito”, un fin de semana tuvo la visita de unos amigos que iban de cacería, entre ellos, ya de edad avanzada, iba el coronel de esta historia.

Mientras los demás salieron de noche a la caza del venado, el coronel, acomodándose en un camastro de otates, quedose profundamente dormido, en tanto mi papá velaba su sueño, haciendo fuego y preparando los alimento.

El coronel nunca supo que aquel hombre al que había arrestado injustamente, ahora cuidaba su vida en aquella choza al pie de unas peñas que bordeaban un arroyo en la profundidad de una noche veraniega. Ixtlán, Nay, Enero 2011