El Míster

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Don Enrique Escanio, columnista de El Regional
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    Don Enrique Escanio, columnista de El Regional

    MISTER Y SUS RELATOS; UN SINGULAR PERSONAJE DE MI PUEBLO.

Como otros niños y adolescentes de mi pueblo yo también tenía que trabajar para paliar la mendingues. Ya lo he dicho: La hice de comerciante; lo mismo vendía fruta de temporada, raspados, y claro, agua fresca de cebada – la especialidad de la casa –.

Para esto último me mandaron hacer un bote chico apropiado para estos menesteres y de acuerdo a mi edad y mi debilucho cuerpo – YA QUE PARECIA HIJO DE DON QUIJOTE –.

El punto de venta era en la equina de Allende e Hidalgo o Calle Real, frente a “La Perla”, en donde estaba la tienda de abarrotes de “Los Ayala” – hoy mueblería Anther –, y en ocasiones me dirigía hasta la esquina donde la familia De Santiago tenía una miscelánea, que entre otras cosas vendían periódico, revistas y creo que petróleo.

Nuestra refrescante agua de cebada también la llevábamos a Jala en las dos festividades: La Judea y las patronales en el mes de agosto; igualmente a las fiestas patronales de Zoatlán.

Yo era el gritón que invitaba a los sedientos a disfrutar de la especialidad de mi madre, que la cebada junto con otros ingredientes después de tostarlos en comal, los molía en metate y luego en bolsa de manta agregando agua y presionando con las manos, lo colaba.

Era una receta que alguien le obsequió para que paliáramos nuestra situación económica. Tenía mucha aceptación. Mi hermano, continúa calmando la sed de los sedientos con esa vieja fórmula heredada por mi madre, aunque ahora utiliza molino con un pequeño motor y la licuadora. El papá de los Parra Ron, en su camioneta era quien nos trasportaba a esos lugar para vender nuestro producto.

Estas labores las realizaba los  días de descanso y periodo de vacaciones, serían en los primeros años de 1950 del siglo XX, cundo mi pueblo era tranquilo. En sus antiguos mesones llegaban los circos; en las fiestas patrias mediante votos de los ixtlecos, surgía la reina de las Fiestas. Recuerdo a Irene Primera; y con personajes queridos por los ixtlecos: El Cura Barajas, el Padre Plazola, Don Juan Parada, Boticario; Víctor Chávez, fotógrafo; Silvestre Moya, luchador social agrario; El Coronel Ibarra, el doctor Coronado, profesoras y profesores de las escuelas primarias; los integrantes del mariachi Ixtlán. El presidente municipal sin dura era don Francisco Béjar, de oficio joyero; Poli Castillo, las hermanas Contreras, entre otros. Aquí en Tepic figuraban los paisanos Maximino Hernández Escanio, don Everardo Peña Navarro, por citar algunos.

Y claro que también muy conocidos quienes se dedicaban a diversas actividades respetables, como los cargadores que con su mecapal se concentraban en la Av. Hidalgo o Calle Real, y Allende, en espera de ser contratados. Eran llamado por sus apodos como “El caramero”, “Tano”, entre otros.

A mi corta edad escuchaba pláticas de mis clientes, uno de ellos llamado Jesús García, mejor conocido como “EL MISTER”, era alcohólico. Nunca lo vi tirado en la calle. Hacía mandados para apoyar a su señora madre y sacar para su vicio. Casi siempre enredado en una cobija llegaba con una anforita que contenía alcohol de caña de 90 grados que si no me equivoco, lo vendía don Nacho Ramírez “El cuatro ojos” y me pedía completara el llenado con agua fresca.

Tal vez por su alcoholismo inventaba historias. Recuerdo me comentaba que cuando tembló en Ixtlán en 1932 y  se calló la torre del templo, ese día,  ante el miedo y la desesperación de la gente que salía de sus casas una señora rezaba: “JESUCRISTO APLACA TU IRA, TU JUSTICIA Y TU RIGOR, Y RETIEMBLE EN SU CENTRO LA TIERRA AL SONORO RUGIR DEL CAÑON”.  Sin  duda me tomaba el pelo.

También me soltaba algo que lo digo con mucho respeto, ya que se refería a una persona muy apreciada por el pueblo: Don Mere, el cinematógrafo y su charla la relacionaba con un famoso torero llamado Ponciano, mismo que llenaba las plazas donde se presentaba.

Su característica era que al ruedo iba vestido de charro y portaba singular bigote. En los años 30 llegó a Ixtlán la película de este singular personaje llamada ORA PONCIANO. Aseveraba “Míster” que en una ocasión cuando se estrenaba la película, y estando don Mere en el Templo con otras personas  rezando el rosario, en las letanías todos respondían en latín ORO PRO NOVIS” (creo que significa ruega por nosotros); en tanto don Mere semidormido respondía ORA PONCIANO, ORA PONCIANO…

Transcurrido el tiempo, como asiduo lector de libros revistas o periódicos que nos llegaban de Guadalajara, como El Informador y el Occidental  que adquiría en la miscelánea de la familia de Santiago, comprobé la verdadera existencia del personaje que  me relató Míster…

… Ponciano Díaz nace en 1858 en la hacienda de Atenco en el Estado de México. El 3 de abril de 1879 recibe la alternativa en Puebla. Triunfó en España, Portugal, Cuba, Estados Unidos.

Era de mediana estatura y enormes bigotes y toreaba vestido de charro,  características que no se ajustaban a las normas clásicas de los toreros de entonces.

En todas las plazas era insuficiente el cupo para verlo torear. El público animaba a su ídolo con gritos de ¡ORA PONCIANO! ¡ORA PONNCIANO! Este personaje fallece a los 41 años de edad víctima de hepatitis. En 1936 Gabriel Soria dirige la película ORA PONCIANO con los actores Consuelo Frank, Jesús Solórzano y el actor cómico Chaflán.

No recuerdo de quien escuché, tal vez del mismo Míster que había una persona que siempre en sus charlas agregaba: “Y con todo y eso”. Por ello se le conocía como el yeso, apodo que cargaron por un tiempo parte de su familia.

Dejé de ver a Míster. Se sabe que tenía hijos en Guadalajara, a donde se lo llevaron y en donde finalmente falleció. escanio7@hotmail.com