El viejo del rostro encerado

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Del uno al dos, del tres al cuatro. Hace aproximadamente hora y media que el cambiar de canal perdió total sentido. Del uno al tres, del dos al cuatro. Pasé de ver la excéntrica cultura popular China a la inconmensurable vanagloria burgués. Del cuatro al uno, del tres al dos. Me detuve en las aventuras de un casanova empedernido de la edad media, hasta el peculiar romance de primates en las montañas. Del uno al cuatro hay más que sólo números. Tomo un sorbo de café. Alcanzo el control para apagar el televisor. Acaricio el piano mientras me dirijo al estante. Enciendo la radio. Direcciono la antena, le subo dos o tres puntos de volumen. 

¡Doy un salto en mi trinchera!, derramo droga sobre mi regazo. Lo acabo de escuchar: “¡Anuncio de emergencia, alerta máxima, ya es oficial, mañana inicia la segunda guerra mundial, repetimos, se va a desatar la segunda guerra mundial, busque un lugar seguro, huya o pelee, el país está en guerra!”.

Hace ya unas horas que rebase los umbrales de la diurna, un crepúsculo trajo consigo a las penumbras, luz y oscuridad; la sombra nocturna arrasó con color negro violento, y como el alba al amanecer, recibo el abrazo de la luna, el resplandor de las estrellas, estrellas de luz y muerte. Ahí estoy esperando el alba. Suena el reloj apuntando las 4:00 am. El ruido ensordecedor de las campanas a lo lejos me avisan del inevitable inicio de septiembre. El calendario sobre el frigorífico marca el año 1939.

Hoy es mi primer día fuera de casa, el reloj ahora marca las 4:30 am. Abro el closet. ‘El país está en guerra’. Cierro el closet. ‘El mundo está en guerra’. Abro el closet. Tomo el traje, ajusto mis pantalones con el cinturón. Mi chaqueta luce andrajosa. ‘Busque un lugar seguro, huya o pelee’. Mi chaqueta ahora luce apretada en mi cuerpo. Hoy es mi primer día fuera de casa y puede ser el último. Cierro el closet.

Voy caminando sobre la acera, mis sentidos perciben las calles sombrías, el abrumador silencio, el sonido de mi respiración, la presencia del mismo por el frío. Me dirijo a la plaza principal, seguro estoy que ahí se reunirá el pelotón de guerra. Creo saber porque el camino está abandonado, sólo hay dos opciones, huir o morir; pero, ¿a dónde? A lo lejos escucho unos pasos, cerca está un callejón, estoy desarmado, podría ser peligroso, me escondo detrás de una cruzada de láminas y alambrado. Observó con atención. ‘El país está en guerra’. Alguien ríe. ‘Pelea’. Otra risa diferente. Son dos. Una más. Son tres. ‘Huye’. Tomo unas rocas y me decido a pelear. Ahí están. Tres, dos, uno. ‘Ataca’. Corro hacia ellos, amigos o enemigos, no hay diferencia.

Niños jugando en el parque, jovencitas bailando en los bares, personas de antaño bebiendo y pregonando, esos jóvenes que estuve a punto de matar. El anuncio en la radio fue claro. El país está en guerra. Alerta máxima. Pero, ¿y si no, si no escucharon? ¿Quién ríe cuando los lobos hambrientos vienen a cazar? Grito, grito hasta quedar afónico. Muchos me escuchan, me miran y pasan de largo. ‘¡El tiempo se termina’. Uno, dos, tres. ‘Corre’.

Llegó a la plaza, un escenario de algarabía, bullicio, ajetreo, aglutinamiento, fricción, depresión, 37 grados centígrados. Eso, ahí, hay una fiesta, ¿quien festeja en tiempos de guerra?, sólo el vencedor, pero no hemos ganado nada. De pronto me cuesta respirar. Tres, dos uno. ‘La guerra ha comenzado’. El humo sobre las cabañas. Tengo que regresar a mi morada. Hoy es mi primer día fuera de casa y no será el último. Tropiezo con un cuerpo exánime. ‘La guerra inicio’. El primero ha caído.

Por el paso de trenes, entre la avenida uno y dos. En la intersección de las calles tres y cuatro. Del uno al cuatro hay más que sólo números. Miro por la ventana de un edificio una enorme figura de cera, cierro los ojos. Uno, dos. Vuelvo a ver, la perfecta figura se ha derretido, me acerco a observar con detenimiento, la estatua está intacta, entonces, ¿Qué es lo que miré?, ese rostro arrugado, piel caída, ropa holgada. Una lluvia empieza a caer, pronto la avenida se llena de grandes charcos, fango albeante, mientras camino, vuelvo a ver ese rostro, ¿qué es lo que quiere?, ¿ porqué no me deja en paz?,¿será que me estoy volviendo loco?, ¿habrá alguien enteramente cuerdo en tiempos de guerra? Llegó a casa , aseguro la puerta y me dirijo a la habitación, algo no anda bien, la luz del fondo esta mas brillante. De pronto escucho un ruido tremendo, me acerco a observar, alguien ha lanzado una roca. Me asomo por la ventana, un par de jóvenes impúber van corriendo por la calle, gritando y cantando, jactándose de su cometido. Levanto los vidrios de uno en uno, recojo los fragmentos pequeños, ahí está de nuevo, acechándome, tomo un pedazo más grande, cierro los ojos un momento, soy valiente y los abro de una vez por todas, ahí está, allí está, es ese hombre, es el mismo, es el viejo del rostro encerado. Del uno al dos, del tres al cuatro. El país está en guerra. Del cuatro al uno, del tres al dos. ‘Resguárdese, huya o pelee’. Del uno al cuatro. La guerra inicio. El primero ha caído.

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