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miércoles, agosto 12, 2020

Estetocracia; aproximación a los certámenes de belleza, en contra de su prohibición

⊛ El poder de lo bello y su impacto efímero.

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Manuel Montaño
Manuel Montaño
Abogado y escritor. Asesor político. Frase: «El que resiste, vence».

“Los rasgos de la belleza y la percepción de la misma, son accidentes de la evolución biológica”

Nancy Etcoff.

(Psicóloga del Harvard Medical School)

El pasado viernes 3 de julio en sesión vía remota la comisión de género de la Cámara de Diputados, manifestó su intención de voto para erradicar la “violencia simbólica” contra las mujeres, que podría devenir en la prohibición de los certámenes de belleza en el país.

De acuerdo con la iniciativa se pretende incluir en el sistema jurídico la figura de “Violencia Simbólica y Mediática” como uno de los tipos de agresión en contra de las mujeres, en virtud de que es ejercida de manera normalizada y encubre relaciones de poder, por lo que consideran que los certámenes de belleza son eventos que exhiben a las mujeres mediante patrones socioculturales y estereotipos que enaltecen el cuerpo de la mujer como objeto.

Consideramos que los certámenes o concursos de belleza son eventos, en este sentido, que exhiben a las mujeres mediante patrones socioculturales y bajo estereotipos de género como un instrumento para enaltecer la concepción del cuerpo de la mujer como objeto. Limitan el desarrollo personal de las participantes.

Por lo cual se prevé considerar en este tipo de violencia simbólica, la realización de concursos, certámenes, o cualquier otra forma de competencia en la que se evalúa de forma integral o parcial, y con base en estereotipos sexistas, la belleza o la apariencia física de mujeres, niñas y adolescentes.

Dichas pretensiones se esperan conseguir a través de 3 dictámenes que buscan incluir la violencia simbólica, algunas reformas sobre paridad de género y consolidar el concepto de revictimización, así como diversas disposiciones a la Ley General de Acceso de Las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. 

Las legisladoras consideran que la violencia simbólica y mediática es difícil de identificar y es aceptada a través de costumbres, tradiciones y prácticas cotidianas como el lenguaje, cine e inclusive, bromas. 

La violencia mediática es la forma de agresión simbólica expresada a través de la publicación o difusión de símbolos, imágenes, mensajes e ideas estereotipadas, a través de los medios masivos y electrónicos de comunicación que de manera directa e indirecta promuevan humillación, explotación, discriminación o violencia contra las mujeres, así como aquellos mensajes, ideas, símbolos e imágenes que naturalicen la relación de inferioridad entre mujeres y hombres.

Asimismo los dictámenes contemplan una prohibición a las instituciones públicas para asignar recursos públicos, publicidad oficial, subsidios o cualquier otro tipo de apoyo a la organización de este tipo de espectáculos. 

Consideró que estos eventos organizados y financiados por gobiernos estatales “para supuestamente promover el turismo, tradiciones y costumbres son una contradicción”, además de que haya recursos para fortalecer esta violencia simbólica.

Otro argumento importantísimo que se pronuncia en dichas propuestas de reforma, es la que se recoge de una antigua discusión en el Senado de la República, cuando en un punto de acuerdo, La Cámara Alta manifiestó su absoluto rechazo a la realización de concursos como el de “Mini Belleza Latina”; por ser una clara violación a los derechos humanos de las niñas y adolescentes y promover la violencia de género en su contra.

Para lo cual quisiera hacer una precisión en aras de asumir una postura ética y política al respecto. Coincido plenamente con los que se planteó en el Senado en marzo del 2017, para que los certámenes de belleza infantiles adoptaran medidas de protección y restitución de derechos para las niñas y adolescentes que participan o han participado en concursos, pues debemos de recordar que una obligación del Estado es garantizar el interés superior del menor.

Sin embargo el tema de discusión es otro, cuya premisa del debate puede ubicarse, por una parte en la ideología de género impulsada por el feminismo que pretende prohibir los certámenes de belleza por considerarlos sexistas, machistas, producto de un sistema patriarcal con esquemas socioculturales que violenta la integridad de las mujeres al hacerlas víctimas del concepto sociológico de violencia simbólica. 

Y su contraparte cuyos argumentos invocan los derechos fundamentales a la autodeterminación y libre desarrollo de la personalidad en una búsqueda que permita a las personas tener las condiciones mínimas de bienestar; así también arguyen algunas inconsistencias generales –porque deberíamos recordar que si se pretende prohibir estos certámenes, también existen aquellos cuyos participantes son varones– violando el principio de igualdad.

Abonando a este debate podríamos argumentar que la parte que propone prohibir los certámenes por considerarlos atentarorios de los derechos de la mujer sin mayor matices que los dogmas que presuponen velar por la tutela del bienestar de las mujeres, se podría contra argumentar que estarían incurriendo en una incongruencia ideológica, pues se estaría interiorizando a la mujer, decidiendo por ellas que les conviene y que no.

A lo largo de estas líneas tratare de ofrecer al lector algunas aproximaciones críticas sobre la discusión que versa en la prohibición explícita de los certámenes de belleza, los conceptos en que se fundamentan y una perspectiva histórica de la belleza, así como destacar algunos valores positivos de estos certámenes y el impacto favorable que genera en sus participantes.

Como adelantaba en el título de este artículo, algunas valoraciones que tenemos que plantearnos es cuestionar si los certámenes son simbólicamente violentos hacia las mujeres para lo cual es preciso citar la definición de origen de su autor, Pierre Bourdieu señala que «La violencia simbólica es esa violencia que arranca sumisiones que ni siquiera se perciben como tales apoyándose en unas «expectativas colectivas», en unas creencias socialmente inculcadas».

Asimismo el Prof. José Manuel Fernández, investigador por la Universidad Complutense de Madrid, ofrece un análisis de este concepto con perspectivas de género, el cual nos es relevante para tener un punto de partida, pues hasta ahora no existe un solo estudio que vincule específicamente la violencia simbólica con los certámenes de belleza en un sentido estricto –y nos hace suponer que esos razonamientos que expresa el legislador en dicha iniciativa son interpretaciones extensivas que hacen de una agenda que busca imponerse sin socializar, lo cual sería un error–.

El profesor Fernández sugiere que existen 2 formas tangibles –o menos abstractas– de ejercer la violencia simbólica en función de género, la primera es la que denomina como “intercambio de dones” que es la relación que surge entre un “dominante” y un “sumiso” cuando el primero ofrece un dote y el segundo se ve forzado por las «expectativas colectivas» a aceptarlo y en reciprocidad adquiere la obligación a corresponder con un “sentimiento” 

La segunda forma son los «actos de eufemización», un capital de reconocimiento que le reporta beneficios simbólicos, susceptibles de transformarse en beneficios económicos. Esto es lo que Bourdieu llama capital simbólico.

Con un simple vistazo a estas dos breves descripciones tenemos elementos para razonar que no se puede constituir un juicio condenatorio contra certámenes de belleza aduciendo violencia, máxime cuando el significado de la misma palabra supone una competencia, no dejando margen para las concesiones entre los competidores(as) y organizadores/promotores como lo exige los elementos constitutivos de la violencia simbólica.

Pasando a otro orden de ideas, el debate hasta ahora se ha basado en exponer los elementos negativos de los multicitados certámenes, sin embargo, la otra cara de la moneda exhibe el amplio universo que existe en estas actividades. Puede considerarse una industria en la cual convergen múltiples disciplinas, actividades, ciencias, profesiones que no pueden desestimarse con un estigma de banalidad.

Para ello, me es apremiante remontarme con una mirada histórica al origen de los certámenes de belleza y explicar que no es una simple actividad económica que genera utilidad con la explotación de la belleza que se obtiene con la exposición de los cuerpos que sugiere “cosificación” sino que es algo más profundo que puede abordarse desde un enfoque filosófico, antropológico, biológico, político y de impacto social.

El concepto de belleza puede variar entre culturas, sí, en un sentido amplio. La escuela (hermandad) pitagórica se dedicó en establecer una relación entre las matemáticas y la belleza. Y su hallazgo más importante fue encontrar que los objetos simétricos eran más llamativos.

Por su parte, Platón quien acuño una abstracción del concepto y la consideró una idea de existencia independiente al de las cosas bellas. Pues consideraba, la belleza en el mundo es visible por todos; no obstante, es solo una manifestación de la verdadera hermosura que reside en el alma, y a la que solo podremos acceder si nos adentramos en su conocimiento.

Con estas elementales nociones de belleza, podemos adentrarnos a conocer el origen de los certámenes, y, la parte erudita de la historia occidental nos indica que el primer certamen tiene origen en los textos bíblicos, en el libro de Ester, cuando el rey Asuero fue desafiado por la reina Vasti, y decidió convocar a un “concurso” para elegir a su nueva consorte.

El antecedente de la mitología griega es el de Eris, la diosa griega de la discordia. Quien no fue invitada a la boda de Peleo y Tetis, por lo que, desairada y con toda la mala intención, hizo llegar a la fiesta una manzana de oro con la inscripción kallisti (para la más bella).

De inmediato, surgió la discordia entre las asistentes, quienes se detuvieron cuando las diosas Hera, Afrodita y Atenea se acercaron para adueñarse de la fruta dorada; éstas solicitaron a Zeus que nombrara a la más hermosa. El cual encargó a Paris, un príncipe troyano, la elección. 

En el mundo real, la primera competencia estética, también se dio en la antigua Grecia, donde en el festival de Atenas, se elegía al hombre más bello en un concurso llamado: Euandria

Esta festividad fue replicada en distintos lugares de Europa donde las personas más bellas (hombres y mujeres) eran seleccionadas para representar las festividades nacionales.

Instalados en el siglo XIX el empresario Phineas Taylor Barnum, tuvo la idea de organizar concursos de belleza en el espectáculo de un circo, después de que tuviera éxito organizando concursos de diferentes animales. Como era de esperarse el concurso de mujeres no tuvo éxito al considerarlo aberrante y decidieron cambiar de formato a un concurso de exhibición de fotografías, el cual sí prospero.

Ya para el siglo XX surgen los certámenes de belleza modernos, casi simultáneamente en Estados Unidos y Brasil, que pronto se propagaría por todo el mundo, en 1932 nació el famoso concurso de belleza titulado “Miss Universo” en Bélgica. Y en 1952 surge “Miss Mundo” en Inglaterra con la intención de promover el festival de Bretaña.

Esta mirada a la historia nos permite hacer una evaluación, que si bien es cierto, el pasado non grato de los certámenes, se planteaban de una manera denigrante, estos con el paso del tiempo y con las luchas feministas que aceptaban estas actividades por profesar una idea de libertad absoluta para las mujeres, los concursos se fueron atenuando hasta consolidar el formato actual.

Un certamen de belleza integral, “una belleza que conquiste” estructurada con formación física y mental, capacitación, que promueva el desarrollo de habilidades y fomente valores humanos como: la solidaridad, el respeto, inclusión y no discriminación, lucha por la justicia social a través de proyecto de impacto, activismo que promuevan el empoderamiento de la mujer y que disminuya la brecha en la desigualdad entre los géneros, fomentan la sororidad entre las mujeres (a pesar de ser competencia) y coinciden con ideas feministas encaminadas a los derechos de la mujer.

Un breve sondeo que realicé a un grupo de ex concursantes de estos certámenes donde les preguntaba su experiencia y testimonio, si se pronunciaban a favor o en contra de una prohibición de los certámenes, si tuvieron alguna mala experiencia y sobre todo si se sintieron violentadas de alguna manera a lo largo de su participación.

Los resultados de este ejercicio fueron categóricos, las ex participantes respondían en un sentido favorable a su participación en estos certámenes, no escatimaron palabras en describir los aspectos positivos que un concurso conlleva, también señalaban lo cansado, estresante y frustrate que pueden llegar a ser, e hicieron unos comentarios referente de que como en todo existen personas no tan honorables, pero en ningún momento se sintieron vulnerables, agredidas o violentadas, incluso una de ellas apelo al sentido común diciendo que si eso fuera una práctica recurrente, los certámenes ya no existieran, yo coincido.  

Un rubro que hemos dejado fuera de análisis, es la concepción de la belleza, ¿Subjetiva? ¿Quién la define? ¿Generación espontánea o existen patrones para definirla? ¿Producto de un sistema patriarcal o constructo orgánico femenino? El tamiz, en apariencia parece ser el relativismo, pero no creo que la belleza sea relativa ni se pueda juzgar a la luz de una ideología.

Nancy Etcoff, una investigadora de la universidad de Harvad, dedicada al análisis científico del papel de la belleza y el rol que juega en el desarrollo de los humanos, ofrece unos estudios valiosísimos para comprender que la belleza es un bien biológico y no un simple atributo físico, el cual genera felicidad, bienestar y significa una herramienta clave en la obtención del éxito, al igual que la inteligencia cognitiva.

Asimismo hace unas reflexiones sobre los “estereotipos” que giran en torno a lo que se considera bello, no son tales, asegura, desestima este calificativo puesto que la belleza en los humanos no son ideas o modelos que estén al arbitrio de expectativas culturales o sociales, sino que la percepción de lo bello está vinculada con una razón antropológica.

Pues encontramos atractivas aquellas personas que tienen facciones y patrones de forma en sus cuerpos que están intrínsecamente vinculadas a la salud y fertilidad, es decir, consideramos bellos aquellos atributos físicos que garanticen una descendencia saludable configurando un principio instintivo que nos define como humanos.  

No existe ninguna moda universal, por el hecho de que queremos volver visibles algunas zonas en nuestro cuerpo, esto varía de cultura y costumbres de cada sociedad; pero si existe una belleza universal, me refiero de que existe una geometría abstracta de la belleza que se basa en la biología y que nos gusta ver señales que publiciten la salud y fertilidad que se expresen en una cabellera seductora, una piel suave y sin imperfecciones, la forma curveada en el torso de las mujeres, y en los hombres en la forma superior del brazo y el cuerpo, y esto nos resulta atractivo porque nuestros antepasados primitivos sobrevivieron con estas características; existen señales universales de salud.

Los formatos de los certámenes de belleza actuales, propugnan por una formación integral de la mujer (y el hombre) no solo se justifican en el impacto efímero de la belleza y exposición de sus cuerpos, sino que también busca el desarrollo pleno de habilidades, actitudes y aptitudes de las personas y el beneficio social que puedan generar.

Se busca con estos generar una plataforma que coadyuve en el empoderamiento femenino, otorgándole a las y los participantes herramientas para poder desenvolverse en un esquema social de participación y cooperación. Se tiene comprobado que en el proceso de capacitación las y los participantes adquieren mayor seguridad, empatía, conciencia sobre la otredad, y aprende a revalorar su belleza para poder canalizar los atributos físicos de una manera responsable y respetuosa en un beneficio colectivo.

Un ejemplo mundialmente conocido fue el que se registró 1993, en Sarajevo durante la Guerra de Bosnia, se organizó un certamen de belleza en un sótano de la ciudad como protesta a los ataques de los francotiradores serbios a la población civil. Las participantes desfilaron con una pancarta con la leyenda: “No dejen que nos maten”. Inela Nogic fue coronada como Miss Sarajevo, y logró fama mundial al convertirse en símbolo de la resistencia de la ciudad.


Como resultados a la discusión podríamos concluir, que en los certámenes de belleza, en el formato actual de tiene muchos aspectos muy positivos en beneficio de sus participantes, aunque también no podemos ser ciegos a que pueden ser perfectibles, sin lugar a dudas, pueden existir lamentables casos aislados donde sobretodo algunas mujeres hayan sido víctimas de algún tipo de violencia.

Sin embargo, sostengo la teoría de que estos hechos ilícitos, –si bien, no dispensan de responsabilidad a los organizadores, estos tienen la obligación por velar y garantizar la seguridad integral de sus concursantes–, tampoco podemos condenar la organización de estos certámenes por considerarlos focos de violencia hacia la mujer.

El camino para garantizarles a las mujeres, una vida libre de violencia, seguridad y pleno bienestar es largo y es una tarea que nos corresponde a todos, será menester de los propios certámenes y sus organizadores generar algunos planteamientos que contribuyan en la erradicación de los vestigios de violencia que pudieran encontrarse en ellos.

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