ÉXODO, el suplicio del sacrilegio

En honor a dos de mis más grandes maestros de la palabra escrita:
Amado Nervo y Alí Chumacero.
Su luz en el firmamento, como la estrella que nunca muere, como el resplandor que jamás se apaga, aún continúa iluminando nuestros corazones.

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Vida, ¿qué será de mí cuando las musas se marchen? 
¡¿Qué será de mí cuando las letras se acaben?!
Si solo soy la eclosión de esperanza y palabra,
si solo soy ese hombre insurrecto que con desdén cantaba.

¡Vida! ¿Culpable de qué? ¿Culpable de cuánto?
Cabalgo alienado, condenado y ultrajado,
viajero que con sus pasos aviva el universo,
poeta que con su voz aturde al firmamento.

¡Madre!, ¿por qué me arrancan de mi tierra?
¿Cuál fue el pecado? ¡Suplico no me azoten con vehemencia!
Soy como la efímera luz de tu mirada, 
como el diáfano rocío de las flores,
azucena, tulipán y amapola,
¡la lozanía!, ¡el candor!

Sublime el talento y cuantioso el ingenio,
¡Acúsenme de histeria!, de hostigamiento, 
yo no soy el pusilánime que profesa idolatría, 
en su mente reverberan mis letras inefables. 
¡Vida!, ¿qué será de mi cuando las musas se marchen? 
Si solo soy un pastor humilde de la sierra más negra,
si solo soy como el artesano danzando en las noches de luna llena.

Putrefactos, apócrifos… ¡Blasfemos!  
El crepúsculo copioso es testigo del calvario,
occiso recibo el impetuoso suplicio, 
vorágine que me bautiza como mártir, 
tirita el saudade, el tacto y mi semblante. 
¡Vida! ¿Culpable de qué? ¿Culpable de cuánto?

Con mi garganta resquebrajada vocifero ¡alto al fuego!
¿No es consuelo mi lamento? ¿Acaso no ven el sufrimiento?
¡Mis manos sangran!
Nos destierran con su ego, nos arrancan de raíz.
¡Parnaso señores! ¡Parnaso!
¿Somos culpables? ¿Cuántos somos?
¿Dónde está el delito? 

Este será mi último hito,
la diatriba final contra la inmundicia 
el Idilio de antaño contra el sortilegio
voy a mitigar el dolor en sus brazos,
acúname en tu manto virgen morena.

Exacerbado camino hacia la montaña más alta,
¡soy un magnicida! Somos el bullicio y la algarabía,
¡que mueran los ambages y la demagogia!,
la anarquía quedó impregnada en mis pupilas.
¿Cuál castigo en medio del genocidio?

¡Vida! ¿Qué será de mi cuando las letras se acaben?
Vida, hoy te escribo mi última poesía.
¿Qué será de mi cuando las musas se marchen? 
Si solo soy un amante de la paz, un artista y nada más.

Cabalgo, soy el tercero de los mosqueteros,
el primero Nervo y el segundo Chumacero.
Naufrago, mis ideas tétricas, mis oraciones funestas,
porque el verso es libre, yo lo soy por igual. 
Inmarcesible, gritaré hasta quedar afónico,
hasta que mi alma trascienda a un mundo nuevo.

La  caterva enardecida, en los confines del ostracismo.
Reminiscencias, letargo y sufrimiento onírico.
¡Hasta aquí de vivir con hastío!  Asediados por el martirio y el sacrificio,
culpables de herejía  y necromancia,
por pregonar una palabra. ¡Basta!,
¡basta ya de sus patrañas! 
¡basta ya de ser el esfinge proficuo!
¡Vida! ¿Culpable de qué? ¿Culpable de cuánto?

Osadía impertérrita que hoy me salva de su indulgencia,
sí este señores, es el suplicio del sacrilegio… ¡Mátenme!
Mis letras seguirán vivas, 
mientras clamen mi palabra,
en tanto griten mi nombre,
cuando lean mi pensamiento,
estaré vivo, estaré muerto,
si la maldad no cesa, no cesará el verbo. 
Y si las musas se marchan,
y si las letras se acaban
¡Vida!