¡Faltan 15 minutos!

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Sentados en los pasillos de la clínica uno del Seguro Social, en Tepic, conversaba con un hombre bajito, medio calvo y desdentado. En eso el hombre extrae el celular de su bolso izquierdo y exclama: ¡En 15 minutos empiezan a llamarnos!

La puerta de “Rayos X”, sin embargo, no se abrió sino hasta después de media hora, pero para entonces ya éramos como 15 personas las que esperábamos el llamado.

Habíamos arribado a eso de las 8 de la mañana y a partir de entonces empezamos a contar los minutos, ansiosos por recibir la atención.

Muchas han sido las veces que me he visto en situaciones similares; pero en ocasiones yo aprovecho el tiempo para adelantar alguna nota u artículo, porque, han de saber, para los que nos dedicamos al ahora controvertido oficio de la comunicación, ¡El tiempo vuela! Y bueno, el pasado domingo, mientras nos desplazábamos en la Explorer por la carretera internacional yo reflexionaba:

Un minuto sirve para sonreír, sonreír para el otro, para ti y para la vida, un minuto sirve para ver el camino, admirar una flor, sentir el perfume de la flor, sentir el césped mojado, percibir la transparencia del agua. Se requiere apenas de un minuto para evaluar la inmensidad del infinito, aunque sin poder entenderlo.

Un minuto apenas para escuchar el canto de los pájaros, un minuto sirve para oír el silencio, o comenzar una canción; es en un minuto en que uno dice el “sí” o el “no” que cambiará toda su vida. Un minuto para un apretón de mano y conquistar un nuevo amigo, un minuto para sentir la responsabilidad pesar en los hombros, la tristeza de la derrota, la amargura de la incertidumbre, el hielo de la soledad, la ansiedad de la espera, la marca de la decepción, la alegría de la victoria, en un minuto se puede amar, buscar, compartir, perdonar, esperar, creer, vencer y ser.

En un simple minuto se puede salvar una vida, tan sólo un minuto para incentivar a alguien o desanimarlo, un minuto para comenzar la reconstrucción de un hogar o de una vida, basta un minuto de atención para hacer feliz a un hijo… un padre, un amigo, un alumno, un profesor, un semejante… Sólo un minuto para entender que la eternidad está hecha de minutos.

De todos los minutos bien vividos… un minuto… ¿Cuántas veces los dejamos pasar sin darnos cuenta?… pero también cuántas veces traemos a nuestras vidas los recuerdos de los minutos vividos llenos de felicidad, de alegría y también de tristezas, decimos “un minuto” y nos parece nada… Pero, ¡Cómo se aprecia ese minuto al levantar la mano y saludar a un amigo que se va para siempre!, ¡Cómo se valora ese minuto que hace que lleguemos tarde a nuestros trabajos!, ¡Cómo se espera ese minuto que nos lleva a reunirnos con los que amamos!, ¡Cómo nos llena de emoción ese minuto en que nos entregan a nuestro hijo al nacer; y, ¡Cómo también deseamos que la vida le otorgue más minutos a quien la muerte separará físicamente de nosotros y no veremos más!

Un minuto… parece increíble… parece tan poquito y sin embargo puede dejar una huella tan profunda en nuestra vida, lo importante es no vivir la vida porque sí, dejando pasar el tiempo. Alguien alguna vez dijo:

“Vive cada minuto como si fuera el último”… Si todos recordáramos esa frase a diario aprendería a vivir la vida intensamente, aprenderíamos a no posponer las emociones más lindas de la vida pensando que “si no es hoy será mañana”… tu tiempo es ahora, el futuro es incierto.

Vive cada minuto intensamente. La vida es Hoy… Que el reloj de tu vida marque cada minuto al compás de los latidos de tu corazón.

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