¡Hay que practicarla!

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Un anciano vivía en el pueblo. Todos los parroquianos estaban cansados de él; siempre se le veía triste, se quejaba constantemente y con un humor de los mil demonios. 

Cuanto más vivía, más vil era y más venenosas eran sus palabras. La gente hacía todo lo posible para evitarlo porque su desgracia era contagiosa. Creaba la sensación de infelicidad en los demás.

Pero un día, cuando cumplió 80 años, sucedió algo increíble. Instantáneamente todos comenzaron a escuchar el rumor: “el viejo está feliz hoy, no se queja de nada, sonríe e incluso su rostro parece más iluminado”.

Toda la aldea se reunió alrededor del hombre y le preguntó:

– ¿Qué te ha pasado?

El viejo respondió: 

– Nada especial. Ochenta años he estado persiguiendo la felicidad y fue inútil. Y luego decidí vivir sin felicidad y simplemente esforzarme en disfrutar de la vida. Así he alcanzado la felicidad”.

No tenemos el derecho de perseguir la felicidad, ¡Hay que practicarla!

La gente extremadamente feliz son humanos, justo como el resto de nosotros.  No tienen poderes especiales, doble corazón o vista de rayos X.  Solo tienen hábitos diferentes.  Así de simple.  Los psicólogos dicen que al menos el 90 por ciento de todas las conductas son habituales.  Así que, para ser más feliz, necesitas revisar tus hábitos. Mientras tanto, no persigas la felicidad y disfruta la vida.

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