La Academia de la Señora

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Imagen ilustrativa extraída de Internet
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Los adolescentes y jóvenes de mi pueblo a finales de los años cincuenta  del siglo pasado, una vez concluida la instrucción primaria, algunos ingresaban a la escuela secundaria Amado Nervo, que en 1952 inició por cooperación sus actividades, siendo hasta 1958 cuando recibe subsidio de la federación. El 19 de octubre de 1960, mediante Decreto 4278, se adjudica al patronato de dicha  escuela  una finca. Otras opciones de preparación eran las academias comerciales del señor Rocha, y la “García Martínez” de la señora Leonor, como se le conocía.

La escuela preparatoria que primeramente estuvo en Ahuacatlán, empezó a funcionar en 1964 en Ixtlán;  el 21 de agosto de 1968 mediante Decreto 5013 le cede un terreno. Muchos  jóvenes ixtlecos deciden continuar sus estudios fuera del terruño trasladándose inclusive a la Normal de Ciudad Guzmán, de donde egresaban como profesores de instrucción Primaria.

La señora Leonor hizo una gran aportación a la preparación  de las y los jóvenes ixtlecos que les permitió ingresar al hábito laboral. Ella era la propietaria y directora de la Academia Comercial García Martínez  que dotó de recursos humanos a instituciones de gobierno, bancarias, empresas privadas, Etc.

Quienes allí adquirimos los conocimientos que nos permitieron desarrollarnos como empleados en el área administrativa, tal vez fuimos un poco ingratos al no reconocer plenamente la obra de esta señora.

Hace algunos años, cuando la señora Leonor ya había fallecido, surgió por iniciativa de Ramón Ramírez Gutiérrez y un servidor de propiciar un encuentro entre quienes estudiamos en dicha academia para convivir, remembrar y hacer un justo homenaje a esta noble mujer. Desgraciadamente sólo quedó en eso, en intento, pero sin duda cada uno de sus alumnos la seguimos recordando.

Algunos estudiantes de La Academia de la Señora – como era conocida –,  teníamos que trabajar para costear las colegiaturas como era mí caso, que encorreando huaraches obtenía los recursos económicos necesarios.

En este empleo mis patrones fueron Salvador Rivera, en donde tuve como compañeros de trabajo al popular “PIRRIRRI” que de su ronco pecho fluían canciones como Cuatro Copas, que festinamos cuando le cambiaba le letra y la cantaba así: “QUIEN SABE CUANTO TIEMPO YA HA PASADO, LA VIDA NOS DEJO LAS NALGAS ROTAS” en lugar de las ALMAS ROTAS”.

También conviví con “CORTINEZ” y BACARDI”, no recuerdo sus nombres. Posteriormente laboré con don Raúl Jaime en la misma actividad.

La academia se encontraba en el mismo inmueble de las oficinas de Telégrafos que se ubicaba en la Av. Hidalgo (calle real) a un  lado de la terminal de autobuses de Nayarit, que inclusive era la casa que habitaban ella y su esposo, el Jefe de Telégrafos.

La carrera comercial se conocía como auxiliar de secretario que comprendía las materias de mecanografía, archivo, documentación, redacción, ortografía y opcional taquigrafía y telegrafía; esta materia se recibía con la clave Morse que consiste en puntos y rayas  a través de un aparato, que con los dedos se hace una interrupción de la corriente, emitiendo el mensaje.

En nuestras clases de Telegrafía cargábamos con  el aparato que requería  una pila seca de regular tamaño y la máquina de escribir.  Los alumnos éramos bastantes en cada ciclo y en los desfiles cívicos alumnas y alumnos,  lucíamos con impecables uniformes. Doña Leonor era muy estricta, por ello  quienes allí se preparaban aunque no se lograra un título profesional, estaban listos para con toda confianza solicitar empleos en las áreas administrativas.

Era satisfactorio asistir a clases, sobre todo porque convivíamos con compañeras muy guapas como son todas las damitas de mi querido Ixtlán. Las materias se impartían tarde y mañana.  Cuando nos tocaba telegrafía, la recibíamos en un amplio patio bajo la agradable sombra de un guayabo. Los alumnos más avanzados en esta materia tenían la oportunidad de practicar en la Oficina de Telégrafos o bien auxiliaban en la atención al público en el llenado de los formatos que se conocían como “esqueleto”.

A estos jóvenes se les conocía como “meritorios”. Yo no tuve oportunidad de practicar en la oficina de Telégrafos, pues era notoria la tirria que el “Jefe” tenía hacía mi persona,  quizás por el deterioro y color  que dejaban en mis dedos el trabajo de la huarachería;   no le parecían agradables,   así que dejé la materia de Telegrafía.

Muchos telegrafistas recibieron la preparación para la vida laboral en esta Academia, y se dispersaron por diferentes Estados; entre ellos recuerdo a Ramón Ramírez Gutiérrez, padre de dos destacados futbolistas; de otros de apellidos: Rodríguez de León; Berumen; Gómez Aguirre: Fuentes; Armas, etc.

Una vez preparados, algunos iniciaron actividades administrativas en Ixtlán cuando empezaban a llegar los Bancos, otros se dispersaron por la República,  la empresa tabacalera Tabaco en Rama TERSA,  instalada en Tepic, algunos años acudió al inicio de las Zafras a solicitar personal capacitado a la Academia García Martínez.

Los aspirantes llenaban una solicitud, se les hacía una entrevista, un examen y en ocasiones en ese momento se seleccionaban y contrataban, de esa forma algunos muchos incursionamos en TERSA.

Muchos de esos alumnos, mujeres y hombres se colocaron en puestos administrativos de jerarquía como gerentes de bancos o en empresas privadas, jefes de personal, jefes de sección, Etc. El Ingenio del Molino y el de Puga, y las empresas tabacaleras dieron  empleo a muchos jóvenes en esa época.

Cuando concluían las clases, algunos compañeros acudíamos al restaurante El Nápoles en donde mientras saboreábamos algún refresco escuchábamos de la rokola  las baladitas de la época, platicábamos y escuchábamos los versitos del poeta que nunca falta en el grupo.

Entre ellos el “Vate” Eulogio Najar quien era un romántico apasionado y daba rienda suelta a su inspiración  teniendo como musa a bellas compañeras convertidas después, en  distinguidas y respetables señoras. (Éramos muy cursis). Doña Pachita, dueña del restaurante cuando retiraba de la rokola discos de 45 revoluciones, yo era su comprador.

En esta forma doña Leonor, aportó su granito de arena en la capacitación de los jóvenes de mi pueblo, pues quienes adquirimos la instrucción académica que nos permitió integrarnos a las fuerzas laborales requeridas en ese entonces,  la recordamos con cariño, pues gracias a ella supimos responder en tareas que se nos encomendó, y si a eso agradamos  que durante nuestra relación laboral continuemos preparándonos incluyendo en ello,  cursos, libros, etc.,  siguiendo los consejos de “LA SEÑORA” que nos  motivaba  a ello.