La historia de José Negrete

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Carmen-Romero-de-Diaz

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     Carmelita Romero Rubio de Díaz.

JOSE NEGRETE SIENDO DIPUTADO FALLECE EN TEPIC EN 1887. PERO, ¿QUIÉN FUE EL?

Enrique Escanio Andrade

Hurgando aquí y allá encuentro que José Negrete, nieto de Pedro Celestino Negrete, Jefe realista en 1812 y encargado del Poder Ejecutivo en 1823 y 1824; nació en Bruselas, Bélgica, hijo de Pedro Celestino Negrete ministro de México ante ese gobierno, y secretario del ceremonial de la corte del emperador Maximiliano. En 1855 fue traído a nuestro país cuando tenía siete años de edad y aquí obtuvo el título de abogado por la Escuela Nacional de Jurisprudencia en 1876. También fue militar y periodista. En 1874 ya escribía en la Revista Universal y posteriormente lo haría en el Republicano. En sus escritos defendió al presidente Sebastián Lerdo de Tejada y combatió con la espada y la pluma la revolución tuxtepecana que llevó al poder al general Porfirio Díaz.

Este joven, cuando contaba con 23 años de edad fue el novio de Carmelita Romero Rubio, de 14 años, hija de Manuel Romero Rubio y Agustina Castelló. Don Manuel fue Secretario de Estado y del Despacho de Relaciones Exteriores del presidente Lerdo de Tejada, quien fue padrino de Carmelita. El joven Negrete y Carmelita estaban comprometidos para contraer matrimonio. Era el año de 1878,  pero las cosas dieron un giro para estos jóvenes enamorados pues por conveniencias políticas, se pacta el matrimonio de Carmelita con don Porfirio Díaz, sin que se le tomara parecer a la “novia”, pues simplemente tuvo que aceptar la decisión que se tomó sobre ella.

Cuando Lerdo salió del país y se exilió en Nueva York, tuvo correspondencia con su ex colaborador y con su ahijada. Ésta le escribió una carta desde la ciudad de México, fechada el 5 de octubre de 1878, en la cual le dijo: “Sabe usted que en este año debía haberme casado con Pepe Negrete y así lo acordaron entre usted y mi papá y el señor don Pedro Celestino (padre de Pepe).

Esta unión que los dos tanto hemos deseado, no se verificará este año y mucho temo que ni el siguiente. Papá es muy bueno, no opone obstáculo a nuestro amor. Lo único que dice, y tiene razón es que Pepe no tiene una carrera definida. Es abogado, pero, ¿de qué le sirve la profesión si no hay nadie que lo proteja? Porque papá ha perdido toda su influencia y no puede hacer nada por él. Como periodista mucho menos, los escritores están muy desprestigiados aquí, y no pueden ganar lo necesario para mantener decentemente una familia. ¡Y no puedo vivir sin él! ¡Es un pedazo de mi alma!…

… El otro día lloré mucho toda la noche porque cuando él vino a verme, noté que venía algo trastornado por el vino. Esto me horrorizó y he prometido a la Virgen del Carmen ayunar durante tres días para que no vuelva a suceder esa horrible cosa. Me ha jurado no volverlo a hacer, pero yo he perdido mi tranquilidad y no me siento bien de salud. Mamá, viéndome ojerosa y triste se halla inquieta y apresurada, pero yo no puedo decirle la causa de mi quebranto, Aconséjeme usted a mí y escríbale a él; yo quiero quitarle las malas compañías,  ¿No podría usted llamarlo a Nueva York?”.

La exclamación  de Lerdo de Tejada fue: “¡Dios! ¡Dios! ¡Pobre chiquilla! Y realmente la quise como a una hija”.

Don Porfirio en 1867 se había casado con Delfina Ortega Díaz, su sobrina carnal, hija de su hermana Manuela y del doctor Manuel Ortega Reyes, quien le daría su apellido hasta muchos años después, cuando antes de casarse el caudillo le exigió que la legitimara, recompensándolo con una senaduría, en 1880. Delfina dio a luz  a otra niña a quien le pusieron por nombre Victoria y que apenas sobrevivió unas horas. La mujer estaba tan agotada y enferma que nunca se recuperó del parto y murió de fiebre puerperal. De esta unión sobrevivieron dos hijos: Porfirio y Luz.

El Matrimonio Díaz Romero se realizó en 1881. Don Porfirio en ese momento, ex presidente, contaba con 51 años y Carmelita 17, dándoles la bendición su amigo el padre Eulogio Gillow.

Carmelita, ya convertida en Primera Dama, envió una carta a su padrino, el ex presidentes Sebastián Lerdo de Tejada, fechada el uno de enero de 1885 para decirle “Mi muy querido padrino: Si continúas disgustado con papá, esa no es razón para que persistas en estarlo conmigo, tú sabes mejor que nadie que mi matrimonio con el general Díaz fue obra exclusiva de mis padres, por quienes, sólo por complacerlos, he sacrificado mi corazón, si puede llamarse sacrificio el haber dado mi mano a un hombre que me adora y a quien correspondo sólo con afecto filial…

Unirme a un enemigo tuyo no ha sido para ofenderte; al contrario, he deseado ser una paloma que con la rama de olivo calme las tormentas políticas de mi país. No temo que Dios me castigue por haber dado este paso, pues el mayor castigo será tener hijos de un hombre a quien no amo; no obstante lo respetaré y le seré fiel toda la vida. No tienes nada, padrino, que reprocharme. Me he conducido con perfecta corrección dentro de las leyes sociales, morales y religiosas”.

Don Sebastián hizo acres comentarios sobre la actitud de don Porfirio de unirse a una chiquilla, pero también reflexionó: “Filosóficamente considerada, la esterilidad del matrimonio Díaz Mori-Romero Rubio es un bien para la patria y un beneficio para la mujer”.

Quizá por eso, aunque obedeció a su padre, nunca dejó que el General se acercara a su lecho y murió virgen, intacta como había nacido, o al menos eso es lo que le dijo ella a una amiga poco antes de morir. Como sea, después llegó a querer a don Porfirio y supo ser una esposa ejemplar, Y con esa boda se había sellado una alianza política y social que sería símbolo de la nueva etapa del país.

En 1883 falleció en Tepic el joven Pepe Negrete, cuando era diputado Federal a la edad de 28 años. José Negrete escribió Memoria de Paulina, Memorias de Merolico en 1881, cuando aquella relación amorosa había quedado rota y al escritor le quedaban sólo tres años de vida. La niña Mártir, la mujer verdugo e historias color de fuego. escanio7@hotmail.com

1 COMENTARIO

  1. Estimado Enrique Escanio:
    Le escribo para agradecer su información, que es muy interesante, pero me gustaría saber la fuente de donde toma la primera de las reveladoras cartas que cita. La segunda, sé que proviene de las Memorias (apócrifas) de don Sebastián Lerdo de Tejada, quien tal vez las dictó a un periodista durante su exilio. ¿La primera también tiene ese origen? Gracias nuevamente por su atención.
    Clara Guadalupe García
    México, D. F.

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