La última carta a la nada

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Convaleciente, postrado a merced  de un calvario en agonía, estoy en mi ocaso, occiso casi sin vida, aturdido por la cercana epifanía, austeridad ostentosa, incertidumbre mortal, la espera que mata, las ansias que amordazan las entrañas, las manos que estrangulan la garganta, y aún miro por la diáfana el crepúsculo que se esconde entre las montañas. No sé que pasará mañana, abnegada dádiva, no sé que pasará mañana, suplicio letanía. El fragor de tus alas me sojuzga la mirada. Ya casi son las 12, yo sé que pasará mañana, todos lo saben, pero suplico amnistía empedernido, exacerbado sollozo a la indulgencia, exoneración efímera al hastío sublevado que me asedia, y en este mi subterfugio final, mientras espero las albricias del mañana, hoy le escribo la última carta a la nada. 

Querida nada: pronto, muy pronto darán las 12. En esta mi última carta quiero hablar sólo de ti. En esta carta te condeno a cadena perpetua.  Recuerdas cuando te dije que ningún ser humano podría resistirse al amor, pues me retracto, que equivocado estaba, no sólo se resisten, no basta un sólo candado, hay algo más: tú, siempre fuiste tú. 

El amor es la fuente infinita de energía con la que se creó el universo, mientras no tenemos amor, no somos parte de nada, o mejor dicho, somos parte de la nada, somos parte de ti, y no, no de la materia obscura intergaláctica, es mucho peor, estamos y no estamos, miramos y no observamos, existimos y no vivimos, somos esa nada que estorba, esa nada que daña y que también mata; somos parte de ti, somos un cúmulo de materia tangible pero insensible que respiras y te asfixia, que comes y envenena. 

Todos tenemos hambre de amor, no hay alimento suficiente, nos privan de él, del amor por la familia, por un hogar digno. Adultos, jovenes,madres, padres, niños, incluso animales mueren con la esperanza de ser materia viva, y es por culpa de la nada inútil, es tu culpa, que no produces ni consumes amor, o no produces pero si consumes, es por eso que morimos con las migajas de una patria con principio dudoso y final inesperado. De una Patria que está y no está, que mira y no observa, que existe y no vive, que consume y no produce. De una maldita nada que obstruye la energía vital, que ni vive, ni deja vivir, que contagia y hasta mata. 

Me despido de ti, está es mi última carta, no esperaré tu respuesta, alguien más la esperará por mi, el reloj marca las 12.