Oiga usted ¿Cómo le va?

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Al centro el monumento al inmigrante. Palmeras imponentes que se alzan majestuosas mirando hacia el norte; verdes prados circundados por modernas guarniciones de concreto, es lo que distingue al histórico “Jardín Morelos” de Ahuacatlán.

Algunos lo conocen como “El Parque” debido a los juegos infantiles que en antaño allí había. Puestos de “vendimias”, cañas, frutas y sus deliciosos antojitos mexicanos; típico sitio de folklore y de alegrías.

Es el corazón de la ciudad donde muchos acuden a contar sus fantasías, los sucesos cotidianos. Es ahora el lugar preferido de las personas adultas y de una que otra parejita que busca el oscuro acogedor que producen la copas de los árboles.

El “Jardín Morelos “diariamente recibe la visita de infinidad de personas, chicos y chicas, jóvenes, niños y adultos han convertido a este “Parque” en el mudo testigo de sus secretos y de sus confesiones.

Gentes de las clases medias populares, de La Presa o de El Salto, El Chiquilichi o La Otra Banda; también de las colonias populosas como la Demetrio Vallejo, la Prisciliano Sánchez, Benito Juárez y Ocho de Mayo, inclusive de las más alejadas como la colonia El Cerrito, el Llano y la Emilio M. González, de todos los asentamientos acuden a dicha Plaza en busca de distracción, esparcimiento, entretenimiento o diversión.

La misma situación todos los días. Viernes y sábados, domingos o lunes; el día que sea. A diario observamos en ese lugar a un puñado de hombres mayores, alrededor del monumento, descansando en las suntuosas bancas de acero reforzado; muchos de ellos tapando sus cabezas con sombreros y en sus pies luciendo botas de trabajo o huaraches de correas de con “Millo”; saboreando un delicioso “Raspado” de con “Chagua” o unos tacos y tortas de con Chago.

También acuden aquellos que sintiéndose “Rodolfo Valentino” o aquel que le llamaban “Juan Tenorio”, le lanzan sus piropos a las damas. “Oiga usted Doña Lolita que se hizo hoy que parece una hermosa jovencita”. ¿Por qué no se sienta un rato conmigo a platicar? “¡Ay no!; es que, voy de prisa allá con “Las Delgado” a comprar los ungüentos pa´mi amá… “Bueno, entonces le invito unas ricas enchiladas de “Chemita” o un pozole de “María La Chaparrita”… El autentico folklore, característico de las zonas populares.

Y al lado opuesto, luciendo en el centro su kiosco moderno majestuoso, se encuentra reluciente el limpio e imponente “Jardín Prisciliano Sánchez”, al que algunos lo conocen como “La Plaza”. En medio el Portal Quemado.Los árboles de trueno, el canto alegre de los pájaros, la gente, las flores y sus prados le dan un aspecto diferente. Las bancas de acero y guarniciones construidas no hace mucho, son ahora el refugio de “los novios”. Sábados y domingos por la noche, buscando alejarse de los faros se ven a las “parejas” abrazadas.

Ese es el “folklore” de ambos jardines; tradición benigna que distingue a esta tierra, cuna de insignes personajes como el mismo Prisciliano Sánchez, Don Francisco N. Arroyo, Antioco Rodríguez, Francisco García Montero y Braulio Aranda, entre muchos otros.

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