Plenitudes y crepúsculos

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Momentos 

Bajo el desdén de la exorbitante levitación del tiempo, en la periferia absoluta e incipiente del plano astral; mueren las horas, los días y los años. Pero antes pasan vociferando más que sólo: Vive. Inunda tus senderos con actos, sueños, sentimientos y porqué no, versos románticos que maquillen, que cubran con manta aterciopelada las espinas por las que caminas. Que amortigüen el golpe de las rocas que te lanzan, de las piedras punzantes con las que te mueres a cada instante. ¡Momentos! Hoy quebranto el aforismo, sublevación tempestuosa ante la vida, sin dejar de vivir. Con sigilo, pasión, clandestino. Voy a liberarme, redimir al cautivo, romper las cadenas del tiempo, llegó tu hora, llegó tu día, llegó tu momento, arrodíllate, detente, para de una vez, mi redención ha llegado. Aunque me detengo, lo intento, y no puedo. Ingenuo timorato queriendo contenerlo. No puedes detenerlo, no puedes, no puedes jugar con el tiempo, aunque si con los momentos.  Contemplar el viaje, paisajes efímeros convirtiéndose en recuerdos perpetuos en tu memoria, que de forma esporádica visitarán tu conciencia. Música clásica que disipa lo insípido y monocromático. Códigos que al combinarse crean una red de múltiples algoritmos mentales relativamente perfectos, revelando misterios de nuestra existencia, mientras la travesía inicia en un mar infinito de inconmensurable duda y confusión.

Tomé un vuelo a las cuatro de la mañana, me dirigía a mi muerte, sí algo pude elegir en este juego ganado por el tiempo, es la forma en que terminaría.

Lo efímero y lo perpetúo. Lo que ya es nuestro y la intermitencia de lo que nunca lo será. Cambio, devenir y corrupción, épocas, sueños, tan sólo momentos. Un beso inexperto que destroce la comisura de mis labios, frente a la noche que nunca vuelve, frente al árbol que nunca vive, frente a tus ojos que nunca me volverán a ver igual. Las gotas de lluvia que sólo caen una vez. Parecen las mismas, pero los momentos no se repiten, se asemejan, se complementan. Siento como cae la lluvia. Inicia en mis ojos, inicia en mi mente, inicia en mi corazón, camina por mis párpados, roza mis mejillas, acaricia mi boca, humedece mi cuerpo, toca mi corazón, besa mi esencia, penetra  mi ser, abofetea a mi espíritu, juega con mi piel. Continua por mis manos, sigue por mis piernas, llega a mis pies. Termina en mis ojos, termina en mi mente, termina en mi corazón, siento como cae la lluvia, y vuelve a caer… Una y otra vez.

Me fumé un cigarrillo y bebí de mi botella antes de seguir fornicando con aquella mujer. Limpié mi cuerpo de sus besos y subí las escaleras.

Un camino de rosas blancas, velas, una mesa con una copa mortal, un libro abierto, la diáfana, la vista al fondo, faltaba muy poco para el final del tiempo.

La magia de convertir momentos en recuerdos. La primavera que se va para siempre. El abrazo soñado, el ser querido anhelado, que dejó sus momentos como recuerdos. Quiero un momento eterno, no quiero más crepúsculos, no los quiero, pronto miraré el último día y la última noche. Llorar, sólo llorar no basta. Vida genuina, plena y bella. Un espectáculo utópico en una realidad distópica.

Le dí un sorbo a la copa y la tomé con estilo y clase entre mis dedos. Ahí estaba el atardecer, pero no podía verlo, algo me lo impedía, yo había pagado por esto.

Bajé las escaleras, corrí hacia el mar, tomé otro trago de mi copa, ya no pude sostenerla, ya no pude sostenerme. Frente al máximo esplendor del sol, caí. 

La plenitud nace de momentos y vive de momentos. La plenitud es un conjunto de crepúsculos. De vivir, de sentir, de recibir y también de dar. Una fotografía, un solo día. Memoria que nos da sentido de los momentos. Momentos, son sólo momentos. Reminiscencias. Cicatrices en el tiempo. Recuerdos. Lluvia de estrellas fugaces. Crepúsculos, momentos duales. Amanecer, aurora boreal que anuncia el alba. Atardecer, el ocaso del día. Nacimiento y muerte. Vida y muerte. Instantes, crepúsculos, momentos, sólo momentos. Recuerdos de antaño. Senectud sin remedio. Inerme ante el cambio, el tiempo y el espacio. Experiencia irreal. Camino sin destino. Pero obstinado y sagaz. Empedernido me encuentro. Aferrado a ese destino incierto. Me peleo, desde dentro. Soliloquio indiscreto. La trifulca entre el yo, el yo y el tiempo. Lunático y escéptico, ¿qué hago aquí? ¿Qué estoy haciendo? Maldito tiempo ¡Por qué no puedo ser eterno!. No quiero ser un momento. Quiero ser parte del tiempo. Quiero ser el tiempo mismo. Pero no soy ni siquiera el momento. Puedo ser las personas que nunca volverás a ver. Puedo morir, puedo sentir, puedo ver, puedo oler, tocar, escuchar, puedo morir. El tiempo pasa muy rápido. ¿Vivir el momento?. Ponte las piedras y tropieza. Se vive, se sufre, se ama. ¿Cuál será mi último recuerdo? ¿Cuál será mi último momento?. Hay momentos para todo. En el ápice encontré hasta la forma más sencilla de matarme. ¡Que momentos!, caricias del pensamiento, profunda nostalgia que te envuelve la conciencia, cornucopia de sueños reprimidos. Recuerdos, viajes en el tiempo, viajar al momento, buscando un sentimiento, un único momento.

Levanté una última vez mi vista desde el suelo, una extraña figura se acercaba con gran rapidez.

Desperté bañado en sudor, envuelto en llamas, de pronto miré la sombra de un cuerpo a la orilla del mar. Él, era tan parecido a mi. El avión nunca aterrizó. El tiempo decidió el final del cuento.

Acólitos del tiempo. Neófitos en el trato de momentos. Ideas de carácter inefable. Tiritando en el cielo. Las estrellas del firmamento. Coyuntura perfecta. Infrinjo en el sentido, ¿Porqué? ¿Por qué no puedo ser eterno?. Aquí tengo mi vida, mis sueños, mis momentos. Prueba irrefutable. Juicio infalible. Exijo mi prórroga y apeló por vivir. 

En la habitación del segundo piso, encontré una copa de vino, un libro abierto, flores, velas y la ventana abierta, él me había citado ahí, tomé un sorbo a aquella copa, me acerqué a la ventana, ahí sólo había fuego, parecía ser el infierno, fue mi último momento. Aún conservo el recuerdo.  

Los momentos se sienten, se miran, se huelen, se escuchan, se viven. Yo no puedo sentir, ni ver, ni oler, ni escuchar, ni vivir. Sólo escucho el sonido del tiempo que me atormenta, sólo miro los segundos que pasan, existo sin momentos, y es como no existir. Soy una pieza olvidada del tiempo. Soy olvido. Pienso en el recuerdo de mi último momento. Momentos, sólo momentos.

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