Relatos de pasión (capítulo CLXVIII)

  • A una nueva lectora, Bertha Pulido de Colima.

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712.- PEDRO

Un ícono que perdura a pesar de las redes y la tecnología, también los jóvenes quedan imantados por su figura emblemática de tiempos pasados, del siglo XX. Pronto mi recuerdo se llena de luz para sentir el ambiente reposado de los sábados de películas en blanco y negro, en televisión, donde el protagonista es Pedro Infante. Adorado por las señoras y abuelitas, deseado por sus admiradoras, envidia de los hombres.

Carismático en la pantalla, más formal en vivo, sinaloense que se aventura al canto, la actuación y la fama llegan como terremotos, las espectadoras con sed de su virilidad, pronto logra las mayores taquillas y en cada filmación subyuga hasta el delirio. De estatura baja, bigote recortado, calvicie prematura, representa al charro, motociclista, mecánico, carpintero, los oficios añorados, de un México de ilusiones.

De niño todavía sus películas en el cine las volvían a repetir y de nuevo el graderío a tope. Un auténtico galán que hacía suspirar a millones, enamorado, aventurero, el más querido por la abuela Sara García, era la representación de la familia mexicana, el eco, las sonoras melodías de amor, y nos hizo llorar hasta desgarrarnos el alma al tener a su “Torito” en brazos todo calcinado cuando un maloso encendió la carpintería en Nosotros los Pobres.

Una trilogía que Ismael Rodríguez hizo que el país estuviera en vilo de la tragicomedia con grandes dosis de alegría y amarguras. Pedro cumple este año su centenario de su natalicio, aunque falleció en un accidente de aviación en 1957, todavía hay gente que no cree que haya fallecido, que fue un engaño, es uno de los mitos como el de Emiliano Zapata que se fue a vivir a Arabia.

Evocaciones de un tiempo largo, condensaciones de recuerdos que brotan muy fácil al escuchar su nombre me acuerdo de mi madre, mis tías, mis hermanas, la cuadra, el barrio, la casa, mi infancia y la inocencia.

713.- NERVO

Lo leí revuelto en un libro de poesía y en un capítulo o sección destinado a los modernistas, estaba el poema En Paz, me atrapó desde la primera frase.- yo te bendigo vida, pronto irrumpió sus metáforas en mi corazón y en la imaginación, cuadros sucesivos como si fuera una película en blanco y negro, filmada a principios del brumoso siglo XX, confieso que me impacto al igual que otros versos seleccionados.

Me parecieron sonoros como ríos de cristales, como vuelos de mariposas en senderos estrechos o estallidos de estrellas terrenales, prosa lírica y mística. Las sensaciones que iba recorriendo desde mi infancia se consolidaron en el deseo natural de imitarlo, en los primeros poemas escritos en el cuarto de la aromática casa de mi abuela que estaba junto a un guayabo fresa, en reuniones de chuparrosas y entraba la débil luz del sol de la tarde.

En una oscuridad casi total fui delineando los versos a mi estado de Nayarit, de su capital Tepic, su maíz, el escudo y la silueta de indígena cargando su jornada sostenida por un mecapal; el primer amor platónico, lo muy lógico una prima de mi edad, que aunque estaba lejos la sentía cerca, las trémulas comparaciones que su sonrisa era como la luna en cuarto creciente y que su caminar se asemejaba al paso elegante de un cisne.

Mas nunca me dijiste que mayo fuese eterno, la trayectoria de un planeta confundido, muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo Vida porque nunca me diste ni esperanza fallida, notorio que lograba realizar sus sueños, que eran eficaz en lo que se proponía hasta alcanzar los ojos de la luna, la constelación de los cuerpos y la velocidad de la inspiración poética, para conmocionarme en lo efímero de la vida y la valentía de despedirse ante la cercanía de la muerte y rematar vida nada te debo vida nada me debes, vida estamos en paz, poderoso dolor y resignación ante la inminente oscuridad que se acerca desde los huesos, hasta el corazón para extinguirse como una ligera chispa en este vacío eterno.

La cultura del desafío, el sentido de la responsabilidad, en un territorio libre de justificaciones y la demanda ante los tribunales sociales, celestiales y los respectivos infernales, porque veo al final de mi rudo camino, que yo fui el arquitecto de mi propio destino, sin intervención extranjera o aliados cercanos, sin antecedente, acto y consecuencia, determina que se ha moldeado a su propio yo, sin los pretextos, devaneos, casualidades o causalidades del destino.

La vida de un hombre que amó y fue amado, el amor en libertad y plenitud, sin chamanes o líder espiritual que escriben y se enriquecen a nombre del amor, el llamado hipnotizador que buscan llenar su soledad a base de frases construidas en los ideales que después ante un simple temblor de alma se desmorona el castillo de buenas intenciones, adictos a creer en lo que sea.

Amado cumple cabalmente con su nombre que tal parece la bandera universal que quisiéramos tener en nuestros vientos. El amor se vive, el amor se siente, legado poético de Nervo… Continuarán los relatos de pasión el próximo miércoles.

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