Relatos de Pasión (capítulo CLXXIII)

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722.- LUGAR.

El nombre es curioso, pero aceptable, se llama El Sorbete. Dos jóvenes féminas atienden, una prepara y la otra acepta el pedido. Venden el desayuno con su leal café. Los chilaquiles acompañados con pollo, huevo al gusto y frijoles. Barato y rico. Está la dueña llamada Atza que trae a su niño hermoso en brazos, y lo sobresaliente es que tienen un pequeño marco de madera con algunos libros. La lectura a la hora de desayunar. Me cuenta Atza que se les ofrece el momento para que lean, mientras esperan su platillo que se cocina y el aroma inunda el ambiente y los cuentos de Gabriel García Márquez como el de la cándida Eréndira y su abuela desalmada con su pasta de color ámbar. Escuchar que por la calle Aldama pasa el tiempo como un río nostálgico mientras converso con don Memo, que soy su escudero de las nobles causas. Volveré porque está en el corazón de aquellas épocas de barullo, de comensales, de la neblina del amanecer en el mercado. 

723.-UNA PALOMA.

Llamada Paulina Guzmán, seguramente soy de su estirpe, invade su canto de paloma en una noche fría en el recinto cultural por excelencia. Forma parte del Festival Internacional de Canto, que algunos estados de nuestra nación disfrutan. En el escenario bajo una media luna, estamos juntos con el calor humano, despacio develamos la noche y cautiva. Personajes como José Félix Pérez Garduño en su preludio y fuga de Johan Sebastián Bach, como un ejemplo. Enrique Nolasco Hernández con melodías clásicas,   Granada, Bésame mucho y Solamente una vez. Rafael López Dueñas con Sabor a mí, Perfume de gardenias. Exquisitos, diáfanos en sus interpretaciones, la guitarra en el vaivén de sonidos como olas de un mar musical. Se presenta la mujer de Morelia con Quando men vo, O mio Bambino caro, Signore escolta y una pieza francesa que tengo miedo escribirla mal. La soprano esbelta, vestida largo, sofisticada y su rostro italiano, fue natural recorrer por los confines de la bella península en forma de bota, sus balcones y callejuelas, el amor y su dicha. Su voz como vuelos de aves cantoras, sus manos como alcatraces y el viento de mi alma la mecía como espiga de plata en estos minutos cuando te sientes feliz de estar vivo entre la música.

724.-FESTIVAL.

Volver a nuestra capital donde hay talento como el arcoíris, de tantos colores, me gustaría escribir los nombres de amig@s artistas, creadores, pero me contengo, no quiero dejar a nadie afuera de la puerta de mi humilde reconocimiento. Es una maravilla para este sábado estar en su Festival de Letras. Tepic y yo tenemos un pacto de azoro, de viaje genial, de amargura, de noches de soledad y estallido de versos de amor. Es un pueblo grande o una pequeña ciudad fragmentada, de fríos amaneceres y lluvias repentinas, es de Amado Nervo de pájaros azules, de frescura en sus calles y el ruido de sus camiones por avenidas. Es el trinar del espacio en sus árboles, es la amalgama, el crisol y las peregrinaciones de los pueblos costeños, de la sierra, el norte, el sur. Tepic es un ensueño, es mi conspiración para llevar mis versos que surgen en la guarida del lobo que está feliz por el regreso de nueva cuenta.

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