Relatos de Pasión (capítulo CLXXXII)

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752.-RUSIA.

Pronto sucedió que aquel futuro llegó, era tan lejano. Hace cuatro años fue el mundial de futbol en Brasil en los tiempos de un país que vivía polarizado y le llegó a su equipo la tragedia no griega, la culpa de los teutones con el siete a uno. Alemania campeón en una infame final contra Argentina con un Messi asustado.

 Ya estamos en Rusia en la vigésima primera edición y pronuncio un ancho territorio de múltiples husos horarios y una antiquísima historia. La Rusia de los Zares y los Bolcheviques, la de Dostoievski y Tolstoi, la de los ríos y estepas, la tundra y la sopa de col y patatas; los cosacos y las ciudades eternas con sus puentes y el rigor del frío. El alma Rusa con sus grandes desafíos de la tierra, de la vastedad milenaria y la revolución, la URSS, Lenin y Trotsky. La de la Guerra Madre, la defensa de Stalingrado, la colección de escritores soviéticos de la Editorial Progreso, Gorki por ejemplo; los vientos de sangre del dictador José Stalin. La guerra fría tan ardiente, las sacudidas con Mijaíl Gorbachov, la perestroika para sobrevivir, la ruptura Yeltsin que alcohólico logra erigir a la Rusia con sus bandera original y brota en tiempos de ira el todo poderoso Vladimir Putin, en nuevo Zar blanco. A los rusos que aman su pasado, a los que añoran a una Rusia monárquica son felices porque su presidente los hace soñar de ser una potencia, de vivir en dictadura.

753.-KREMLIN.

En el corazón surge un castillo de tantas torres coloridas, parece abigarrada iglesia, pastel de caricatura, imagen que significa el símbolo de los grandes acontecimientos. Me imagino sus pasillos, las habitaciones, los adornos y techumbres. Un cofre arquitectónico. Millones de veces fotografiada y filmada. En una explanada los turistas posan con el rostro de encantamiento. Tantas veces que veía en revistas que me hicieron soñar por conocerlo. La muralla del poder, del politburó soviético con sus trajes negros, sus bufandas y en posición de categoría. La tumba de Lenin en la inmortalidad que por momentos de desquebraja. Los relatos de Gabriel García Márquez, extraordinario por conocer por dentro aquellos años cuando se creía inocente la publicidad socialista. 

754.-PUSHKIN.

El romántico nacido en 1799, el del alma ardiente que murió en un duelo de amor, el anhelo que se logra y el martirio que enaltece. Sus versos como columnas de flores como rosario de estrellas como la cercanía del aroma de las mujeres en los brazos en el instante sublime del beso con los labios más sentidos y que se va la vida.

De joven llegó a mis ojos y seguí sus huellas de la prosa y la belleza de la poesía. Alexander Pushkin, hombre de pelo grifo y largas patillas, el que en su pecho posa la paloma y la musa, el del beso en la mano, el poeta joven imantado por la Francia sublime, el delicado causante de las noches de insomnio correspondido de sus amadas. El galante que  cumplió su sueño inconmensurable: morir por culpa del amor.  

755.-INAUGURACIÓN.

Con lo que representa Rusia, que intenta borrar con el olvido y a veces forzando aquella época de la revolución. Sus lugares, estatuas, museos poco a poco pierden el brillo y solamente es una melancolía velada; así inauguró el mundial futbolero. Una forma de cofre, la sonda espacial  Sputnik, la vista aérea de Moscú el Bello, su riqueza patrimonial y la naturaleza de pinos y abedules. La música y el estadio olímpico Luznhiki. El mundo se detiene cuando el campo es la escenografía de un gran balón estilizado. Rusia feliz por sus cinco goles. El público en la fe y su misticismo cuando Putin se asoma y con el gesto duro de un patriarca santifica la ilusión a los creyentes.

756.-MARCADOR.

La sorpresa del mundial, desorbitados los festejos, el estruendo del himno nacional, el color verde desbordante, la televisión encendida en cada hogar mexicano. Bastó un gol de Hirving Lozano para que temblara en la Ciudad de México porque todos al mismo tiempo gritaron y la tierra no soporta tanto. No se puede creer, un gol a cero, el triunfo que remedia nuestro complejo de derrotados, nos redime un joven caracolero que vence el arco alemán. Lágrimas y abrazos de ángeles y demonios, hasta los candidatos presidenciales no dejan escapar  la oportunidad. Los eruditos y los expertos espontáneos del futbol pronostican que seremos campeones mundiales. Nombran a un colombiano casi padre de la patria: Juan Carlos Osorio.

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