Relatos de Pasión (capítulo CLXXXIV)

  • En tu memoria amigo Indalecio.

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761.-INDALECIO.

Aunque ya no conocía su ruta de la vida, sí el historial musical, pero la muerte física no perdona y en un día cualquiera el viento de la tecnología me trajo a mis ojos que Indalecio Anaya, conocido entre sus íntimos El Gato Negro, había fallecido. Duré un día completo con su noche, enfrascado con mi pasado para las evocaciones de un joven talentoso. Sus amigos los integrantes del grupo de moda de aquellos años de los setenta y principios de los ochenta, Los Strwck, pronto le hicieron un homenaje por medio de la red social YouTube. La voz inconfundible de Indalecio cuando interpreta con su voz suave la canción Quién, y el verso en el intermedio. Una bella letra para el hombre que ama a una mujer que fue engañada. Me trajo como huracán, la tempestad, el delirio de los momentos de lágrimas y de besos, de los tiempos de corazones, de las novias, de los tragos de licor del Apolo XI, del bar de Donato Hernández. De los arcos y pilares, la fuente, el baile de desesperación cuando se consumía el amor. La noche cuando en la banca le conseguimos una guitarra al artista de Rosa Blanca quién con gusto nos cantó tres, cuatro veces esa canción sublime, su bohemia, que ahorita la escucho mientras escribo este relatos. Felices al tenerlo aquí con su cuerpo delgado y bajo de estatura que hasta quedamos de acuerdo a ir a su fiesta al pueblo de sus raíces. La otra imagen es verlo en unas de las calles montado a caballo dirigiendo cubriendo el espacio de su fiesta mientras nosotros llegábamos cansados, sudorosos y con sed de cerveza, nos fuimos a la carpa. Activado con su gente, el cantante famoso que de manera sencilla enfrascado en su tierra. Gracias Indalecio por habernos hecho soñar y llorar, doble sollozo, por tu alma de artista, tu nobleza.

762.-TATUAJE.

Quizás sean las circunstancias, las aventuras de la vida, las libertades o curiosidad, la tinta recorre el mundo de la piel. No importa el color, la moda, lo particular, colectivo. Pero tengo desde algunos terremotos, las pasiones, las provocaciones del tatuaje. Ya brotó como flor infinita de rasgos, está clavada con sus espinas en un dedo, la mano, el brazo, alguna pierna, muslo o tobillo. Ninguna parte del cuerpo se escapa. Son de alas, de corazones, son de figuras míticas o terroríficas, de animales, palomas o ángeles. Luego se despierta el libido, la energía vital, maravillosa odisea. Tranquilo Rigoberto, soporta las sirenas del tatuaje que te llaman en el mar de los deseos.

763.-AGOSTO.

Tantos cantos para el verano, mis cuadernos de adolescente y de los idus de juventud, tantos colores en mis manos, el arcoíris en tu pelo, la brillantez de tu rostro y la lluvia en tu cuerpo. Es agosto de claridad, de ventana abierta y la luz se refugia en mis nostalgias, la felicidad existe en pequeñas dosis. También no todo es platino, hay una fecha oscura que pasa como una sombra que al poco momento se enciende para que no quede simplemente en un recuerdo, es la electricidad del consuelo y del desconsuelo en ese destello, la abuela Lupe me avisa que sigue en mi sangre, que por mis ojos ella sigue admirando las gotas en el tejado y está en la hierba como el rocío.

764.-TITÁNICO.

Después de 38 días de aquel histórico domingo ya no podemos ser los mismos, ya no podemos estar con los brazos cruzados, ni indiferentes, menos indolentes. Ya no podemos aceptar que sean los dirigentes quienes nos marquen el paso corto y redoblado. Ya no se debe de seguir aplicando recetas y usar los viejos moldes para construir la gran esperanza, la barca titánica en busca del bienestar, principalmente de los pobres para alcanzar La Isla de la Utopía.

765.-JURAMENTO.

Estás en mi corazón, en cada estrella y en cada gota de agua. Estás en cada latido y en cada respiración. No te olvides.

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