Susurro a la almohada

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¡Y se fue el 2018! Doce lunas pasaron a través mío, de mi casa, de mis cosas. Un tiempo que me dejó un puñado de experiencias y un buen saco de fracasos. Caídas y tropiezos. Benignidades pocas. 

Recuerdo que cuando empezó, doce meses atrás, sólo pedí caminos para recorrer y fuerzas para recorrerlos. Y los tuve; aunque para ello tuve que recorrer cinco, diez, quince y muchas veces los hospitales. 

Mis pasos me llevaron incluso a encontrar nuevas amistades y a convertirme en compañero de los suyos. Mis retinas se llenaron de imágenes, mis oídos de otros sonidos, mi boca de otros sabores, y mi cabeza de opiniones y experiencias, y de dolores viejos que renacieron una y otra vez debido a mi pobreza.

Sentado estoy de nuevo en esta silla verde de plástico. La casa no es la misma sin el bullicio de los días anteriores. ¡Qué tremendos son mis nietos! Miro el Face. Escucho voces afuera, risas, diálogos cotidianos. 

Veo una publicación donde señalan que, de acuerdo a la tradición, hay que susurrar las preocupaciones al oído y dejarlas bajo la almohada una noche.
Lo único que deseo –y lo único que me preocupa– es que no me encadenen las manos, que no me amordacen, que no me aten los pies, que no me asesinen la conciencia… 

Si puedo seguir soñando, si puedo seguir pensando por mi cuenta, y haciendo y trabajando por mi cuenta, entonces tendré todo lo que necesito para ser feliz. Todo lo demás lo lograré yo mismo, con mi propio esfuerzo, con mis propias ganas de seguir adelante y de pelear por mi camino, ese que se hace andando, ese tan lleno de caídas y de sinsabores, pero también de sonrisas.

Deseo que este 2019 –esa división arbitraria, pero tan importante, que hacemos del tiempo para lograr aprehenderlo y comprenderlo– les traiga fuerzas para emprender el camino que todos ustedes quieran emprender. Cualquiera que sea. Todo lo demás dependerá de ustedes, del valor que tengan para aprovechar las oportunidades, de sus ilusiones, de sus buenas intenciones y su conciencia limpia, de sus ganas.

No soy un hombre religioso. No creo en el destino, ni en voluntades superiores que controlan lo que nos ocurre, ni en la suerte que nos sonríe o nos castiga (si bien hay algo misterioso detrás de nuestras vidas que aún no he conseguido entender… y no sé si quiero hacerlo). 

Creo que nuestra vida está en nuestras manos, que somos artífices de nuestro destino, que podemos hacer lo que nos plazca siempre que creamos en ello, que la palabra “imposible” no debería existir en nuestros sueños. Lo único que espero es que, en el 2019, mucha más gente empiece a creer en sí misma, y que la confianza en mis pies, en mis manos y en mis ideas no me abandone.

Desde Ahuacatlán, en este pasillo, arrinconado y mientras que el sol que penetra por la ventana quema mi espalda, les hago llegar un enorme abrazo y mis mejores deseos; que se regularice el abasto de gasolina, ¡Que se castigue a los que nos han estado saqueando!; que la carestía nos unifique. Luchemos contra esas adversidades, abramos bien los ojos ante este panorama no tan halagüeño y ahora sí digámosles sus verdades a nuestros representantes populares. ¡Salud!    

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