Un escritor, músico y el fresnito

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Por la ruta de la historia

Jueves gris, después de que el valle y sus ríos estuvieran en el centro del intenso verano en la última semana. Estamos en la tienda nueva de Zapatería Coppel-Canadá, colocando de nuevo la placa de cantera en este peregrinar histórico de Ecomuseo. Le corresponde rendir homenaje a uno de los pilares sobresalientes de la ciudad, Everardo Peña Navarro, que en viejas fotografías lo encontramos inaugurando escuelas y sus libros se conservan todavía, su huella, la obra.Estamos acompañados de varios amigos interesados siempre de la cultura, el doctor Juan Manuel Ávalos Salinas, Carlos Gutiérrez Monroy, personal de la tienda, Angélica González y Rodrigo López.

En esta casa remodelada nació el personaje el 1 de julio de 1887. Entre sus investigaciones resalta su libro Estudio Histórico del Estado de Nayarit, de la Independencia a la erección  en Estado (1956), obra de consulta obligada para los amantes de la historia regional.

Fue iniciador del movimiento maderista en Ixtlán, se unió a las fueras comandadas por el Gral. Martín Espinosa. Por su intelecto y dedicación, ocupó diferentes puestos en instituciones públicas. Fue director del Museo  Regional de Antropología e Historia en Tepic, miembro de la Academia de Geografía e Historia, presidente municipal de Tepic y gobernador interino de Nayarit en los meses de noviembre y diciembre de 1924.

Muere en la capital del estado el 2 de julio de 1970.  Caminamos por la Avenida Hidalgo y doblamos al norte para dirigirnos a uno de los lugares más emblemáticos en mi vida, el barrio de El Fresnito. Allí se coloca el recuerdo de José Refugio Miramontes Rufino, mejor conocido como “El Prieto”, nació en la comunidad de Miravalles, municipio de Compostela un 4 de julio del año 1921.

Sus padres fueron Refugio Miramontes y Feliciana Rufino. Descubrió su vocación de artista y pronto en la década de los cincuentas y sesentas participó en el famoso trío Ixtlán, el mariachi y la primera orquesta surgida en el sur del estado.

Excelente cantante que se cuenta que cantaba mejor que Javier Solís y tenía un repertorio de casi cinco mil canciones. Personaje bohemio,  con su voz y requinto logró traspasar los tiempos. Cuco murió un 17 de noviembre de 1981, pero su obra perdura, forma parte del patrimonio cultural de nuestra ciudad, un emblema, personaje, carismático y querido por su pueblo.

Oscurece y me brotan tanto aquellas imágenes cuando acompañé a mi madre, la maestra Dolores que de sus últimas actividades al servicio de la patria, le tocó participar encuestando para el censo de 1970, la acompañé y al llegar a esta casa que está enfrente, la de la familia García, ingresar y estar sentados, mi madre no pudo concluir las preguntas porque comenzó a llorar, atónito fui testigo de su derramamiento de recuerdos porque de niños vivieron en este lugar.

Estamos en el monumento a la Madre, ya cambiado de aquella esquina mítica y tan recordada en las redes sociales. Las casa de tejas y el fresnito, la tranquilidad de la calle, mientras ya cambió aquella sobriedad por acumulación de autos estacionados, el ruido y los sopor de las prisas.

En la década de 1930, en este sitio estaba un frondoso árbol conocido como “Fresno” (fraxinus excelsior), motivo por el cual en todo el entorno se le conoció como Barrio el Fresnito. De igual forma, en este espacio se plantó un árbol típico de la región llamado “Conti” (Contistaure)

En 1950 los árboles fueron retirados por disposición del presidente municipal don Ezequiel González. En 1959, don Apolinar Castillo Ocampo, construyó “El Monumento a la Madre” y finalmente don Antonio Tovar le dio un aspecto de placita en 1985.

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