¡Ya está decidido!

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Jimmy debe rondar entre los 6 y los 8 años. Antier lo vi corretear junto con otros niños de su edad, allá junto a la tienda de “El Diamante”; y a fuerzas de ser sincero, ¡Me dio una envidiaaaaaa!!!…

Por eso, ahora que ya navego en el sexto piso, he decidido aceptar la responsabilidad de tener 7 años nuevamente.

Quiero ir al restaurant de Las Bermúdez y pensar que es un establecimiento de 5 estrellas.

Quiero jugar a los barquitos de papel en algún charco o laguna y hacer anillos tirando piedras al agua.

Quiero pensar que los dulces son mejor que el dinero, pues se pueden comer.

Quiero tener un receso y pintar con los crayones.

Quiero salir cómodamente de mi casa sin preocuparme como luce mi cabello.

Quiero regresar a mi casa materna y comer frijoles “aguados” refritos con manteca y unas tortillas doradas en carbón.

Quiero echarme unos “panzazos” en El Ataquito y beber agua de Atotonilco.

Quiero recostarme a la sombra de una higuera y zamparme unas guayabas silvestres “con chilito, sal y limón”.

Quiero abrazar a mis padres todos los días y enjugar mis lagrimas en 
sus hombros.

Quiero regresar a los tiempos donde la vida era simple:

Cuando todo lo que sabía eran colores, tablas de sumar y cuentos de hadas; y eso no me molestaba, porque no sabía que no sabía y no me preocupaba por no saber.

Cuando todo lo que sabía era ser feliz porque no sabía las cosas que 
preocupan y molestan.

Quiero pensar que el mundo es justo; que todo el mundo es honesto y bueno.

Quiero pensar que todo es posible.

En algún lugar en mi juventud madure y aprendí demasiado; de armas nucleares, de guerras y prejuicios, hambre y de niños abusados.

Aprendí sobre las mentiras, matrimonios infelices, del sufrimiento, 
enfermedad, dolor y la muerte.

Aprendí que tú tienes que limpiar los inodoros. Cuidar a familiares enfermos, a sentir sus sufrimientos.

Aprendí de un mundo que saben cómo matar y lo hacen.

¿Qué pasó con el tiempo que pensaba que todo el mundo viviría para siempre, porque no entendía el concepto de la muerte, excepto cuando perdí a mis padres y a mi hermano?

Cuando pensaba que lo peor que pasaba era que alguien me quitara mi 
pelota de jugar o me escogiera de último para ser su compañero de equipo.

Cuando no necesitaba lentes para leer ni prótesis dentales para comer.

Quiero alejarme de las complejidades de la vida y excitarme nuevamente con las pequeñas cosas una vez más.

Quiero regresar a los días en que la música era limpia y sana; escuchar a La Tierra, a la Blue Galaxy, a Apocalipsis y Hawái 5.0.

Recuerdo cuando era inocente y pensaba que todo el mundo era feliz 
porque yo lo era.

Caminaría de nuevo en la playa pensando solo en la arena entre los 
dedos de mis pies y la concha más bonita que pudiera encontrar sin 
preocuparme por la erosión y la contaminación.

Pasaría mis tardes subiendo arboles y montando mi bicicleta hasta 
llegar a Los Altos de Pineda,
sin la preocupación de que me secuestren.

No me preocupaba el tiempo, las deudas, o de donde iba a sacar el 
dinero para arreglar la bici.

Solo pensaría en que iba a ser cuando grande, sin la preocupación de lograrlo o no.

Quiero vivir simple, nuevamente. No quiero que mis días sean de computadoras que se inhiben, de la montaña de papeles en mi escritorio, de noticias deprimentes, ni de cómo sobrevivir unos días más al mes cuando ya no queda dinero en los bolsillos.

No quiero que mis días sean de facturas de médicos o medicinas.

No quiero que mis días sean de chismes, enfermedades y la pérdida de 
seres queridos.

Quiero creer en el poder de la sonrisa, del abrazo, del apretón de manos, de la palabra dulce, de la verdad, de la justicia, de la paz, los sueños, de la imaginación.

Quiero creer en la raza humana y quiero volver a dibujar muñecos en 
la arena.

¡Sí! Quiero volver a mis 7 años nuevamente; y ya está decidido.

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